Como el burro del aguador, cargado de agua y muerto de sed.
Ve con tu amigo hasta las puertas del infierno. Pero no entres
Sacar lo que el negro en el sermón: los pies fríos y la cabeza caliente.
Al que toma y no da, el diablo se lo llevará.
El que come solo, muere solo.
Come y bebe, que la vida es breve.
A la moza y a la mula, por la boca le entra la hermosura.
Téngale miedo a la ira de Dios ya una escasez de mujeres.
El Abad de Bamba, lo que no puede comer, dalo por su alma.
Marido muerto, otro al puesto.
Trabaja como si vivieses siempre, y vive como si murieses hoy.
Callar como puta tuerta.
Descansa el corazón, contando su pasión.
Sospechar y temer, enemigos del placer.
A jugar y perder, pagar y callar.
Enero las quita el sebo, Febrero las descoyunta, ellas mueren en Abril, y Mayo lleva la culpa.
Al miserable y al pobre, la pena doble.
Casa sin gobierno, semejanza del infierno.
De abrigado a nadie vi morir, de desabrigado sí.
Búho que come, o muere.
Para quien roba un reino, la gloria; para quien roba un burro, la horca.
A la vejez, dinero y mujer.
Dios da mocos al que no tiene pañuelo.
Amor, pocas veces da placer, y muchísimas dolor.
El beber es el placer, y el pagar es el pesar.
En prisión y enfermedad, se conoce la amistad.
Amor es demencia, y su médico, la ausencia.
La mujer y el sacristán, de la tierra sacan el manjar.
Los fallos del médico, la tierra tapa.
La mujer en soledad piensa solo en la maldad.
Engordar para morir es mal vivir.
Fango que se mueve, a demonios hiede.
Boda de hongos, llámala bodorrio.
A liebre ida, palos al cubil.
Del mal, el menos.
La mentira dura mientras la verdad no llega.
Poco y en paz, mucho se me haz.
La vida no es un problema para resolver: es un misterio para vivir.
El tabaco, el vino y la mujer, al hombre echan a perder.
El loco, por la pena es cuerdo.
Donde hay burro muerto, no faltan cuervos.
La verdad padece, pero no perece.
No hay mayor pena que perder a una mujer buena.
Nadie debe vivir pobre por morir rico.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Maderos hay que doran, maderos hay que queman.
Las penas, o acaban, o se acaban.
El que mata por los Santos, en el verano come cantos.
Lágrimas y suspiros, mucho desenconan el corazón dolorido.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.