Maderos hay que han dicha, maderos hay que no; de unos hacen santos, y de otros carbón.
Pequeñas astillas el fuego encienden y los grandes maderos lo sostienen.
Con el mal pastor, las ovejas se queman al sol.
Hasta a la mejor cocinera se le queman los porotos.
El rayo y la maldición dejan sana la ropa y queman el corazón.