La variedad place a la voluntad.
A la mujer por lo que valga, no por lo que traiga.
Nadie aprecia lo que tiene hasta que lo ve perdido.
A mala suerte, envidia fuerte.
La boca que no habla se escucha con dulzura.
Confía en lo que ves
Quién será útil a otro, cuando no lo es a sí mismo?
La felicidad no reside en las cosas sino en el hombre
A camas honradas, no hay puertas cerradas.
El que no tiene dinero en su bolsa, deberá tener palabras agradables en su boca.
Quien casa con mujer bella, de su honra se descasa.
Pierde enseguida el que desespera por ganar
Por unas saludes, no te desnudes.
La ignorancia es peor que la corrupción.
Nada tiene al que nada le basta.
El que no tiene vergüenza, toda la calle es suya.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
Sabio en latín y tonto en castellano.
Como al caballo le prueba el camino, a los hombres les prueba su sino.
Guarismo eres y no más; según donde te pongan, así valdrás.
Mi alma a Dios, mi vida al rey, mi corazón a la dama.
Antes de acabar, nadie se debe alabar.
El que da lo que tiene en vida, que coja la bolsa y pida.
Amistad de hombres leales, solo perdura entre iguales.
La felicidad da la vista a un ciego
La voz del culo no admite remedio ni disimulo.
El primer deber del amor es escuchar.
Dios pocas veces quiere obrar, sino cooperar.
De Dios a abajo, cada cual vive de su trabajo.
Más vale muchos pocos que pocos muchos.
Que Dios me libre de los listos, que de los tonto ya me libro yo
Ha de tener los cabellos limpios el que trata a otros de piojosos.
Con buena gente, trataré yo; con gentuza, no.
Mientras el tímido reflexiona, el valiente va, triunfa y vuelve.
La felicidad, como el arco iris, no se ve nunca sobre la casa propia, sino solo sobre la ajena.
Aprendo mientras vivo.
El montañés, por defender una necedad dice tres.
No hay peor error que el no reconocerlo.
La pobreza hace ladrones y el amor poetas.
El vulgo es necio y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto.
La sola bravata, no hiere ni mata.
En la amistad no se mira la obra sino la voluntad.
Ni poca ni mucha pena, nos causa desgracia ajena.
Abril, lluvias mil.
Guárdate del agua mansa; que de la recia, ella misma te aparta.
A cada día bástale su maestría, y a cada momento, su pensamiento.
Tienen los que pobres son la desgracia del cabrito: o morir llegar a ser cabrón.
Quien no conoce a Dios, dondequiera se anda hincando.
Yo soñaba que la vida era alegría, desperté y vi que la vida es servicio; serví y vi que el servicio da alegría.
El más cuerdo, más callado.