El que a otro quitó la vida, la suya juzga perdida.
El miedo guarda la viña, que no el viñadero.
Del agua mansa líbreme Dios que de la brava me libro yo.
Quien se casa, casa quiere.
A creer se va a la iglesia.
La mujer siempre es más lista que el hombre que la conquista.
Las tres cabezas más duras: la mujer, la cabra y la burra.
Con salchichón, siempre es ocasión.
Casa al hijo cuando quisieres y la hija cuando pudieres.
Alegrías y pesares, te vendrán sin que los buscares.
Lo que de la boca sale, del corazón procede.
La caridad empieza por casa.
Tus pies te llevarán allí donde esté tu corazón.
Cuando hay un sitio en el corazón, lo hay en la casa.
Ser un mordedor de pilares
El que atiende a la corrección va camino a la vida; el que la rechaza se pierde.
Boca con duelo, no dice bueno.
Sacar los trapos al sol.
Después de la risa viene el llanto.
Todo tiene fin, hasta los higos del confín.
Dos no discuten si uno no quiere.
El casado, casa quiere y costal para la plaza.
A nadie le hace mal el vino si se bebe con tino.
Dios me libre de una manía, aunque sea de misa.
Mucho te quiero perrito; pero de pan, poquito.
Cuentas viejas líos y quejas.
Nada tiene al que nada le basta.
A chico pié, gran zapato.
El hambre es la buena, no la comida.
Más ven cuatro ojos que dos.
De dichos y refranes, hacemos mil planes.
Un hombre tiene la edad de la mujer a la que ama.
Los celos ciegan la razón.
En casa del pobre, todos riñen y todos tienen razón.
Guárdeme Dios de perro de liebres, piedra de onda, casa de torres y mujer sabionda.
El hijo del judío a fraile se ha metido.
Del dicho al hecho hay largo trecho.
La misa, dígala el cura.
A otra puerta, que ésta no se abre.
Si has perdido algo hazte a la idea de que se lo has dado a un pobre
Una copa a las once, son once a la una.
Que aproveche como si fuera leche.
Quien no tiene quiere más.
Donde el necio se arruinó, el cuerdo prosperó.
La mujer y el sacristán, de la tierra sacan el manjar.
Quien te alaba en tu presencia te censura en tu ausencia
La primera impresión es la que cuenta.
Cuando el sabio llerra, el necio se alegra.
No rías tanto; que la mucha risa acaba en llanto.
Es devoto o es loco quien habla consigo solo.