Chicharra que canta, calor adelanta.
A pan de quince días, hambre de tres semanas.
La cana engaña, el diente miente pero arrastrar los pies eso si que es vejez.
Adonde el corazón camina, el pie se inclina.
Lo que vale la pena hacerse, vale la pena hacerlo bien.
Ni a un sordomudo completo, debes confiar tu secreto.
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
Cual andamos, tal medramos.
Labor de Mencia, murmurar de noche y holgar de día.
El dinero es igual al estiércol, solo sirve para estar esparcido.
Juncos aunados, por nadie quebrados.
El silencio no ha sido jamás escrito.
Hombre hablador, nunca hacedor.
Una hora de hoy es mejor que dos de mañana.
No todo lo que pendula cae
En el ánimo moran continuamente la felicidad y la infelicidad. De vez en cuando salen a dar un paseo
Aprovecha el tiempo bueno, ya que el malo se mete solo.
Dar la última mano.
Lo hermoso agrada y lo feo enfada.
Al que madruga Dios le ayuda, si madruga con buen fin.
El hombre se casa cuando quiere y la mujer cuando puede.
Para vivir una vida desprendida, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad.
En casa del ruin, la mujer es alguacil.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
Esta vida es un fandango, y el que no la baila es chango.
Arcaduz de noria, el que lleno viene, vacio torna.
El hombre que consigue ver las cosas pequeñas tiene la mirada limpia.
Quien guiña el ojo con malicia provoca pesar; el necio y rezongón va camino al desastre.
Educación y pesetas, educación completa.
Más vale oler a asno que a muerto.
Chico de plaza, chico de mala raza.
No hables en falso de un hombre; no separes el corazón de tu lengua.
La posteridad solo te pertenece cuando tus nietos juegan en tu puerta.
Buscar aguja en un pajar, es naufragar.
Palabras de santo, uñas de gato.
Moza que mucho va a la fuente, anda en bocas de la gente.
Mujer y sardiña, ni la mayor ni la más pequeniña.
Aquél es buen día, cuando la sartén chilla.
Dar del pan y del palo, para hacer buen hijo del malo.
Lágrimas de puta, amenazas de rufián y juramentos de mercader, no se han de creer.
Considera enemigo a aquel que al agraviarte lo hace solo con intención
El mundo y sus atractivos, son botín de los más vivos.
Hay que poner las cartas sobre la mesa.
A ningún tonto le amarga un dulce.
Al que te puede tomar lo que tienes, dale lo que te pidiere.
El hipo, en el niño para vivir, en el viejo para morir.
El caballo viejo conoce bien el camino.
Yo me quejaba que no tenía zapatos, hasta que me encontré a alguien que no tenía pies.
No dar ni recibir, sin escribir.
En Febrero busca la sombra el perro.