Quién guarda dos termiteros, vuelve de vacio.
Hasta el saber rebuznar tiene su poquito que estudiar.
Para el mozo, moza hermosa. Para la moza, mozo gracioso.
Más honrado es el que la honra merece que aquel que la tiene.
Nadie toma lo que no le dan.
El que quiere baile, que pague músico.
Lunes y martes, fiestas holgantes; miércoles y jueves, fiestas solemnes.
El hombre es más duro que el hierro, más fuerte que un toro y más frágil que una rosa.
El que coge la zorra y la desuella, ha de saber más que ella.
Lección dormida, lección aprendida.
Del cuero sale la correa.
El amor tira más que una yunta de bueyes.
Quién encuentra a un amigo, encuentra a un tesoro.
Aceite, hierro y sal, mercaduría real.
Cómo será la laguna, que el chancho la cruza al trote.
Haber muchos cocos por pelar.
Putas viejas, al mercado, que ya el pie se ha despertado.
Quien algo quiere ser, algo ha de comprender.
No importa lo el ancho y lo grueso, sino lo que dura tiezo...
La vida no es senda de rosas.
La hacienda bien ganada con afán se guarda.
Si no puedes lo que quieres, quiere lo que puedes.
El que presta, a pedir se atiene.
A barba muerta, obligación cubierta.
Al alzar de los manteles, haremos cuentas y pagaredes.
Al perro muerto, échale del huerto.
Quien compra al amigo o al pariente, compra caro y queda doliente.
Ningún hombre vale más que otro si no hace más que otro
El pez y el cochino, la vida en agua y la muerte en vino.
Cuando fueres a la venta, la ventera sea tu parienta.
El oro luce, y la virtud reluce.
La liebre que se te ha de ir, cuesta arriba la has de ver ir.
Más se mira al dador que a la dádiva.
Tienen el mismo principio, pero no igual, el sueño y la muerte.
Por andar recosechando otras milpas, cosechan las tuyas.
Lunes y sábados no quitan jueves.
Por los cuernos se agarra el toro.
¡No perdió su mano Ernesto, pero las lleva en un cesto!.
No tenéis más parte en el hijo, que el diablo en el paraíso.
Cuando el niño dienta, la muerte tienta.
Lo que Dios no da, Salamanca no presta.
Entre lo feo y lo hermoso, deme Dios lo provechoso.
¡Qué te fagorizen! (publicidad española de finales de los 60. FAGOR).
La abundancia mata la gana.
Mientras Dios diere mujeres conviene que haya paciencia.
Al hombre y al oso, lo feo lo hace hermoso.
En gran aprieto, espera más del vecino que del nieto.
Saberlo ganar y saberlo gastar, eso es disfrutar.
No diga ninguno: no puedo aprender, tanto hace el hombre cuanto quiere hacer.
No le pido a Dios que me dé, sino que me ponga donde hay.