Ante un acuerdo, cuídate de que una de las partes no quede con la espada y la otra con la vaina.
Cuida bien lo que haces, no te fíes de rapaces.
El oro se prueba en el fuego y los amigos en las adversidades.
¡Somos gente pacifica y no nos gusta gritar! (Transición española)
Que chulo tu chucho colocho
Una palabra bondadosa puede calentar tres meses de invierno.
El que pueda ser libre no sea cautivo.
El que de mozo no corre su caballo, lo corre de casado.
Santo que no es visto no es adorado.
Las lagrimas de las mujeres valen poco y cuestan mucho.
Para quien es mi hija, basta mi yerno.
Con dinero, aunque borrico, ¡qué buena persona el chico!.
Madre dispuesta, hija vaga.
Fácil cosa es pensar y difícil lo pensado dejar.
Decir refranes es decir verdades.
La alegría es el mayor bien de la vida.
No soy baúl de nadie.
Tapar el pozo después de que el ternero se haya ahogado
Cuando fueres por el camino no digas mal de tu enemigo.
No se siente el burro mal, libre de enjalma y pretal.
A borracho o mujeriego, no des a guardar dinero.
Amorosos juramentos, se los lleva el viento.
De Dios hablar, y del mundo obrar.
Quien bien tiene y mal escoge, si sale mal que no se enoje.
La mala no es la herramienta, sino el obrero.
Quien comprar quiere la yegua o el burro antes la menosprecia.
Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.
Mientras más aprendo menos sé.
Vino puro y ajo crudo, hacen andar al mozo agudo.
Si la catedral es grande, no tienes que santiguarte todo el día.
Afanar y no ganar, doy al diablo tal afanar.
Aprende a escuchar y sonríe al hablar si quieres agradar.
Ni cabalgues en potro, ni alabes tu mujer a otro.
Por mucho que sople el viento, una montaña no se inclina ante él.
Desayunar como rey, almorzar como príncipe, y cenar como mendigo.
A la hija muda, su madre la entiende.
Al fregar los platos solo acuden los mentecatos.
La mula reparando y le avientas el sombrero.
Agua fresca la da el jarro, no de plata sino de barro.
Lo que cada uno vale, a la cara le sale.
Fue por lana el avispado, pero volvió trasquilado.
Más vale estar solo que mal acompañado.
No hables por boca ajena.
Nunca faltan rogadores para mitigar las penas.
El Dios (el hombre divino) está siempre en los éxitos, y el hombre (terreno) en sus fracasos.
Habiendo don, tiene que haber din.
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.
Burro empinado, por hombres es contado.
Por el interés, hasta lo feo hermoso es.
Caro compró el que rogó.