Escuchar cientos veces; ponderar mil veces; hablar una vez.
Las palabra muestran el ingenio de un hombre, pero sus actos muestran su intención.
El hijo mal enseñado no será muy honrado.
Si hay miseria, que no se note
Negocian los hombres sabios, disimulando injurias y sufriendo agravios.
El que no sepa guardar un centavo, nunca tendrá muchos.
No aumentes tus riqueza por el que vive en pobreza.
Buena cara dice buen alma.
La tristeza es como un vestido rasgado: hay que dejarlo en casa.
Ocasión desaprovechada, necedad probada.
A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.
Injuriada la paciencia, a veces en ira quiebra.
El más piadoso se alegra, al ver su rival en quiebra.
No hay asqueroso que no sea escrupuloso.
La belleza passa, la sabiduría permanece.
Confía en lo que ves
A chico pié, gran zapato.
Remo corto, barca pequeña.
Aunque la dulzura halaga, la mucha miel empalaga.
Gloria mundana es gloria vana.
Lo heredado y lo ganado al juego, se tiene en poco aprecio.
El perdón sobraría donde el yerro falta.
Solo el ruiseñor es capaz de comprender a la rosa.
Nadie aprecia el bien que tiene, mientras que no lo enajene.
Sé justo con todos, pero no confíes en todos.
La adoración es una admiración trascendental
Dar el consejo y el vencejo.
Reniego de la viña que torna a ser majuelo.
Cuando bebas agua, recuerda la fuente.
Fraile descalzo se pone las botas de los demás.
La esperanza alegra el alma.
Las obras de caridad dicen quien es hombre de bondad.
La bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse.
Tu hablar te hace presente.
Ni poca ni mucha pena, nos causa desgracia ajena.
Ve tu camino para no tropezar.
Franqueza, la del gallo; que convida a veinte gallinas con un grano.
Alábate, Juan, que si no te alabas no te alabarán.
El dinero hace al hombre entero.
Guarismo eres y no más; según donde te pongan, así valdrás.
De lo que te sobre da tu parte al pobre.
Dios no se queda con nada de nadie.
El perezoso siempre es menesteroso.
Ni el amor ni el poder necesitan compañía
El que tiene poco y gasta menos, será rico sin parecerlo.
Amor es el verdadero precio del amor.
A cada cual dé Dios el frío como ande vestido.
Lavarse las manos, como Pilatos.
La verguenza, cuando sale ya no entra.
Aseada aunque sea jorobada.