Comida gustosa: un poquito de cada cosa.
El que rompe viejo, paga nuevo.
El que no tiene casa, adonde quiera es vecino.
Otoñada de San Mateo, puerca vendimia y gordos borregos.
Se defiende más que un gato boca arriba.
El buen vino sin ramo se vende.
Quien por su gusto padece, que vaya al infierno a quejarse.
Que quiera, que no quiera, el asno ha de ir a la feria.
Galope que mi caballo no lleva, en el cuerpo le queda.
A escote nada es caro.
No hay peor esfuerzo que el que no se hace.
Una lechuza, bienestar donde se posa y malestar donde canta.
Casado por amores, casado con dolores.
El corazón y los ojos nunca son viejos.
Empréñate del aire, compañero, y parirás viento.
Cuerpo sano, mente sana.
Cuando vayas convidado, no comas más de lo acostumbrado.
Con quien se va no se cuenta, tan siquiera se le mienta.
Carnero, comer de caballero.
El amor es como la sombra: sobre la montaña, es inútil buscarla; en el agua, no teme la humedad; en el fuego, no tiene miedo de quemarse.
En mente obtusa, la letra, ni a punta de palo penetra.
La casa sin mujer, es como la mesa sin pan.
Cuenta errada, sea enmendada.
Maestro de atar escobas.
No hable de cuerdas en casa de un hombre colgado.
Una buena mañana hace buena la jornada.
¡Qué grande será la madre, que hasta Dios quiso tener una!.
Nada es más fácil de hacer que aconsejar y reprender.
Al viejo se le cae el diente pero no la simiente.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
El que tiene buenos padrinos, no se cae dentro de la pila.
Novia llorosa, sonriente esposa, novia sonriente, llorosa esposa.
El dinero tiene la cola corta. Por eso cuesta tanto agarrarlo.
La amistad hace lo que la sangre no hace.
Más hace una hormiga andando que un buey echado.
Amigo y casa vieja, para otro los deja.
Le debe a cada santo una vela.
La viuda con otro amor, muy pronto se consuela.
Médico y confesor, cuanto más tarde mejor.
La verdad no peca pero incomoda.
El que hace feliz a una mujer, es su esclavo; quien la hace desgraciada, es su dueño.
La cabra va por la viña, como hace la madre hace la hija.
Bailar sin pecar, cosa imposible será.
El tiempo es oro y el que lo pierde tonto.
A veces el amor perfecto llega con el primer nieto.
Puede uno entender como un ángel y seguirá siendo un demonio.
Para que el botón sea cabal, hay que medirle el ojal.
El mirón, ¡chitón!.
Cielo a corderos, agua a calderos.
No hay como la mama de uno, que da dos platos por uno.