Al hombre mujeriego, mil perdones; al machiego, mil blasones.
El que fía, o pierde o porfía.
La tierra no es una herencia de nuestros padres sino un préstamo de nuestros hijos.
La vista de un amigo, refresca como el rocío de la mañana.
Dios le da una lombriz a cada pájaro, pero no se la lleva hasta el nido.
El cuerpo eterno del hombre es la imaginación
Hoyo en la barba, hermosura acabada.
El tiempo lo arregla todo
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Espéjate para que veas cómo eres.
Las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón.
Dios hace lo que quiere, y el hombre, lo que puede.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
Voluntad tiene a los tronchos quien abraza al hortelano.
Cultiva centeno, mientras brilla el sol.
Lo que Dios da, bendito está, cuando no es "calamidad".
El río pasado, el santo olvidado.
Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.
Las esposas y los maridos por sus obras son queridos.
Todos nacimos en cueros; y aunque la vanidad nos viste, la tiera nos dejará en los huesos.
Barba de tres colores no la tienen sino traidores.
A la fuerza, ni los zapatos entran.
Cabeza con seso pa'los preguntones que comen d'eso.
La buena obra, ella misma se loa.
Hoy un amigo mío entra en la fosa y otro en el tálamo; quizás éste sea feliz, pero aquél lo es sin duda alguna
De hora en hora, Dios mejora.
Una sola vez no es costumbre.
El amor no se oxida
De escarola y agua bendita, cada uno toma lo que necesita.
La gota de sangre mala, dura hasta la séptima generación
A la boda del herrero, cada cual con su dineo.
La pasión embellece lo feo
A los pendejos ni Dios los quiere.
Tras un tiempo, otro vendrá, y Dios dirá.
Es un garbanzo de a libra.
El que no habla, no yerre.
El invierno es el infierno de los míseros
Los perezosos se pasan la vida rascando la tripa a las cigalas.
El amigo no es conocido hasta que está perdido
Las visitas son como los pescados, que a los tres días ya huelen.
El harto no se acuerda del ayuno.
A Cristo prendieron en el huerto porque allí se estuvo quieto.
Hombre refranero, hombre de poco dinero.
Nuestros conocimientos pueden llenar el imperio pero nuestros amigos caben en el puño
Dios da la harina y el Diablo la maquila.
Tu hablar te hace presente.
Abril sin granizo, Dios no lo hizo.
Cada cual es hijo de sus obras.
Al mejor nadador se lo lleva el río.
Quien va a la bodega y no bebe, por beber se le cuenta.