No dejes que tus recuerdos pesen más que tus esperanzas.
Dios da pañuelo al que no tiene narices.
Orejas de burro.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
Poca hiel corrompe mucha miel.
Hados y lados tienen dichosos o desdichados.
Quién no gusta del vino, de Dios espere el castigo.
Quien habla siembra, quien escucha cosecha.
Por creer en los espantos, se quedó para vestir santos.
Nunca patees el pesebre que te vio nacer.
Muchos nacimientos significan muchos entierros.
De trigo o de avena, mi casa llena.
Cabellos y virgos, muchos hay postizos.
Zapatero solíades ser; volveos a vuestro menester.
El mejor sol es el que calienta hoy
Es gente discreta, quien aguza el ojo con la lengua quieta.
pajero como tenedor de oveja.
Dios los cría y el diablo los junta.
Dichosos los ojos que te ven.
El hijo prodigo, siempre vuelve a casa.
Humos de plata o belleza, se suben a la cabeza.
De mí y de todos te burlarás, pero de Dios no escaparás.
Dios castiga sin palo ni piedra
Dios, cuando hizo el tiempo, lo hizo de sobra.
A galgo mojado, liebre enjuta.
El pastor come la oveja y viste la pelleja.
Pan de hoy, carne de ayer y vino de antaño y vivirás sano.
Las lentejas y la carne de oveja, el que quiere las toma y el que no la deja.
Tu eres tu propia barrera; sáltala desde dentro
Por San Pedro, cada pastor con su rebañuelo.
La tierra no la heredamos de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos.
La piel de cabra compra una piel de cabra y una calabaza, otra.
Una huésped llega con diez bendiciones, come una y deja nueve.
La oración de los rectos en su gozo.
Hay que masticar las palabras más que un pedazo de pan.
Lo que el malvado teme, eso le ocurre; lo que el justo desea, eso recibe.
Solo triunfa en la lucha por la vida aquél que tiene la paciencia en sus buenos propósitos e intenciones.
La puerta de Dios siempre está de par en par.
Ser pobre como si hubiera sido lavado.
Aunque el asno vaya a la Meca no por eso es peregrino.
El corazón no sabe mentir
El amor habla incluso con los labios cerrados
Hermosura en puta y fuerza en el badajo.
Todos somos parte de una prodigiosa unidad
A quien teme a Dios de los cielos, nada le asusta debajo de ellos.
El victorioso tiene muchos amigos; el vencido, buenos amigos.
De tal palo tal astilla.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
A mal pisto, buena sangre de Cristo.
Quien hizo el cohombro que lo lleve al hombro.