Con un refrán puede gobernarse una ciudad.
Quien tiene diarrea se pega con la puerta.
La suerte del gavilán, no es la misma del garrapatero.
El oro legítimo no teme al fuego.
Todos obedecen con gusto cuando el que manda es justo.
Un señor sí y un señor no, son dos señores.
Donde no hay cabeza, no hace falta sombrero.
Pagan justos por pecadores.
A la arrogancia en el pedir, la virtud del no dar.
Alba de Tormes, llena de putas, más de ladrones, mira tu capa donde la pones.
En verano, no hay cocinero malo.
Malo es pecar, y diabólico perseverar.
Las cosas se parecen a sus dueños.
Después de la victoria, aprieta el casco.
Buena cara dice buen alma.
Dar puntada sobre puntada, como sastre en víspera de pascua.
Unos por otros, la casa sin barrer.
Nunca te dejes vencer, por lágrimas de mujer.
Cualquier hombre, hasta el más serio, antes cornudo que en el Cementerio.
Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan.
Virgo viejo, puta segura.
Hoy te lo dice tu amiga.
El borracho vendería los pantalones por beber.
Buena cautela, iguala buen consejo.
Los enemigos del casado son tres: la moda, el modista y la mujer.
De pena murió un burro en Cartagena.
Llevar adarga para viivir vida larga.
Quien dineros ha de cobrar muchas vueltas ha de dar.
No hay que pensar que porque los sapos brincan son de hule.
Al ganado esquilado manda Dios viento moderado.
De cerro a cerro una cañada, y de cero a cero no va nada.
Amistad quebrada, siempre mal lanada.
Dale un huevo al codicioso, y te pedirla gallina.
Una pizca de discreción vale más que un manojo de conocimiento.
El que pierde y dice que no lo siente, es un puto, ladrón, cornudo y miente.
Mucho ayuda el que no estorba.
Más vale ser desconfiado, que amanecer engañado.
El que no te ama, burlando te difama.
Azote y mordedura, mientras duele dura.
Más ordinario que un moco en una corbata.
Quien quiere y no puede, gran mal tiene.
Quédate quieto y el mundo te tomara por filósofo.
Más vale oler a asno que a muerto.
¡Oh suerte injusta!. Al rico se le muere la mujer y al pobre la burra.
En la casa del ahorcado, nombrar la soga es pecado.
Polvo de ladrillo malo para el bolsillo.
El que a solas se ríe de sus picardías se acuerda.
A mal pisto, buena sangre de Cristo.
Más pesado y más malsano, que la carne de marrano.
El clavo que sobresale siempre recibe un martillazo.