Cada cosa a su tiempo, los nabos en Adviento y las cerezas en habiendo.
Es cualquier baba de perico.
Caballo manso, tira a malo; mujer coqueta tira a puta; hombre bueno tira a pendejo.
Tras un tiempo, otro vendrá, y Dios dirá.
Mediado enero, mete obrero.
El carbón que ha sido lumbre, con facilidad se enciende.
El que canea, no calvea.
Hacer de necesidad virtud.
La rubia de la panadera, que con el calor del horno se quiere poner morena.
Romperse el brial, más vale bien que mal.
Cosa hecha aprisa, cosa de risa.
A quien buenos cojones tiene, lo mismo le da por lo que va como por lo que viene.
En martes, y tu hijo cases, y tu cerdo mates.
Completar (uno) el número de flautistas sin saber tocar la flauta.
Los hijos del herrero no tienen miedo a las chispas.
Entre hermanos que nadie meta la mano.
Rey es el amor, y el dinero, Emperador.
Intimidad, con ninguno; trato, con todo el mundo.
Cada oveja con su pareja.
El bien que hicimos en la víspera es el que nos trae la felicidad por la mañana...
Mucho ojo, que la vista erro.
Hombre sin vicio ninguno, escondido tendrá alguno.
Muchas veces no son las cosas lo que parecen.
El espíritu intenta seguir el mismo camino que el corazón, pero no llegará nunca tan lejos
A mocedad viciosa, vejez penosa.
La cuerda por lo más delgado se quiebra.
Quizás nunca escucharas las cosas que quieres oir de la persona que quisieras que las dijera, pero no seas tan sordo para no oirlas de la persona que te las dice desde su corazon.
La ocasión llega, llama y no espera.
Machacando, machacando, el herrero va afinando.
Quien quita lo que da, al infierno va.
Los yerros del médico encubre la tierra; los del rico la hacienda.
Vivir sin pena ni gloria, como el burro de Vitoria.
El buen vecino, arregla el camino.
A mal dar, apretar el culo contra el sitial.
La vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.
El jorobado no ve su joroba, sino la ajena.
El beso es al amor lo que el rayo al trueno.
Quien adama a la doncella, el alma trae en pena.
Al sudado, el agua fría a un lado.
El que da, recibe.
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
Quien quisiere mentir, atestigüe con muertos.
Lo que Dios da, bendito está, cuando no es "calamidad".
Las palabras amables no cuestan nada pero valen mucho.
Récele a la Virgen, pero siga remando.
Lengua de vieja cuentera, corta más que una barbera.
De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero.
Calle mojada, caja cerrada.
Cuando una desgracia amaga, otras vienen a la zaga.
Da tus cuentas justas, porque la última, asusta.