Tú que coges el berro, guárdate del anapelo.
No digas en secreto lo que no quieras oír en público manifiesto.
Cuando truena en Abril, el labrador es feliz.
No hay montaña sin niebla, de la misma forma que no hay hombre de mérito sin calumnias.
Pronto pasan al olvido los muertos y los idos.
Junta de pájaros, agua segura.
No puedes tapar el cielo con la mano.
Mujer refranes, o coja o puñetera.
La envidia puede herir a lo que se tiene; pero no a lo que se es.
Dando tiempo al tiempo el mozo llega a viejo.
Pan ajeno, caro cuesta.
Quien no se arriesga no cruza el río
Despacio al pensar y pronto al ejecutar.
Dios ayuda, a los que se ayudan.
Toma el tiempo conforme viene, pues otra cosa no puedes.
Pan de mi alforja, como el no me falte, todo me sobra.
Sin penas, todas las cosas son buenas.
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
La dama de doce años que no tiene novio, pele la pava con el demonio.
Come a gusto y placentero, y que ayune tu heredero.
Las zorras y las gallinas, malas vecinas.
A rey muerto, principe coronado.
Los bellos caminos no llevan lejos.
Por donde pasa la aguja, pasa el hilo.
Caminito comenzado, es medio andado.
Campo abandonado, fuego proclamado.
Cuídate del perro que no ladra y del agua mansa.
Si Dios cierra una puerta, abre mil otras.
Al que es de muerte, el agua le es fuerte.
Clérigo de noche, villano en gavilla y gitano en cortés, lejos los tres.
En largos caminos se conocen los amigos.
Un buen mozo y un abad no pueden cargar a un asno contra su voluntad.
Más ordinario que un moco en una corbata.
Por la boca muere el pez y el piloto por los pies.
La naturaleza proveerá.
Oficio que no sustenta tu vida, dale despedida.
La hija, donde pudieres; el hijo, donde quisieres.
Deja al menos un huevo en el nido
Ve tu camino para no tropezar.
Más quiero viejo que me ruegue que galán que me abofetee.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Bebe agua de río por turbia que vaya, vive en la ciudad por mal que te vaya.
Saber cuantas púas tiene el peine.
Fraile que pide por Dios, pide para dos.
Si quieres ver a tu marido morir, dale berros en abril.
Con tijeras propias y tela ajena, ¡qué bien se corta!.
Eso son otros veinte pesos.
Todos son buenos, más mi capa no parece.
La iglesia abierta y el sacristán en la puerta.
Pecado callado, medio perdonado.