Muchos se ufanan, pero pocos se afanan.
La suerte y la muerte están siempre a la puerta
No hay hombres pobres, sino pobres hombres.
Donde bien te quieren irás pocas veces; donde mal, nunca irás.
Ante la duda, la más madura.
Cuanta más prisa tienes más tropiezas.
Las disputas dejan a la verdad en el medio y a las partes de un lado y otro.
El que nace para buey, del cielo le cae la yunta.
Mal caso para un médico cuando el médico del paciente tiene la gota.
El que es buen pagador es señor de la bolsa de otro.
Jugar a las cartas vistas.
Oye primero y habla postrero.
Es mejor que digan: “Por aquí corrió”, que no “Aquí quedó.”.
Es tan torcido que hasta los perros lo orinan.
Eres guapo, joven y con dinero, ¿qué más quieres, Baldomero?.
Comer y sorber, no puede ser.
Sin plumas y cacareando, como el gallo de Morón.
Es propio de los pensamientos profundos el parecer simples, tanto que uno cree haberlos pensado él mismo
Tu que no puedes, llévame a cuestas.
Mujer ventana, nunca Llega a casadera.
¿Quieres conocer el valor del dinero?. Pide algo prestado.
Pesar ajeno, no quita el sueño.
En mente obtusa, la letra, ni a punta de palo penetra.
Más grande era Roma y cayó.
Pocas palabras son mejor.
La fe infundada en la autoridad no es fe
No hagas cosas buenas que parezcan malas, ni malas que parezcas buenas.
Del mirar nace el amar y del no ver el olvidar.
De la boca del ladrón, todos lo son.
Suele ser disparate levantar la liebre para que otro la mate.
A cazuela chica, cucharadica.
Quien a mi casa no va, de la suya me echa.
Refranes viejos, recortes del evangelio.
Al flojo cavador, meterlo en medio, y grande azadón.
Los tropezones enseñan a levantar los dedos.
A la fuerza, ni la comida es buena.
La vida da muchas vueltas.
Beneficio recibido, del hombre libre hace cautivo.
Palabras y plumas el viento las tumba.
Al buen amigo lo prueba el peligro.
Que no te preocupe de quién es la casa que se quema mientras puedas calentarte con las llamas
Crea fama y acuéstate a dormir.
Dies ila, dies ila, si eres bobo espabila.
Músico pagado no hace buen son.
Para el particular, paso regular. Para el contratista, vista. Para el Ayuntamiento, paso lento. Pa la Diputación, buena canción. Pal Estáu, echáu.
El que ama el peligro, en él perece.
A la hija, tápala la rendija.
Cuando la hija le llega a la madre a la cintura, ya no tiene hija segura.
El vino poco, trae ingenio; mucho, se lleva el seso.
A buena fe y sin mal engaño, para mi quiero el provecho y para ti el daño.