Amistad del poderoso, sol de invierno y amor de mujer, duraderos no pueden ser.
El mal tiempo trae bienes consigo: huyen las moscas y los falsos amigos.
Saco lleno no se dobla. Saco vacio no se para.
A quien dios no le dio hijos el diablo le dio sobrinos
Entre la cuna y la sepultura no hay cosa segura.
Cada hombre deja sus huellas.
Cielo borreguero, vendaval o agua del cielo.
Del cuerdo espero poco, y mucho del loco.
Seso tiene de borrico quien vive pobre por morir rico.
Santa tú y santo yo, el diablo nos juntó.
Siembra melones y recogerás melones; siembra habas y recogerás habas.
Amistad de yerno, sol en invierno.
Estudiante memorista, pozo a simple vista.
A misa temprano nunca va el amo.
Estrenar casas y domar potros, otros.
El que algo debe, no reposa como quiere.
Agua de llena, noche de angulas.
El deseo de aprender es natural en los hombres buenos.
Mientras comemos, ¡qué buenos semos!; cuando ayunamos, ¡qué mal andamos!.
Pan de mi alforja, como el no me falte, todo me sobra.
En tal mundo vivimos, que para lo que queda por ver, no es nada lo que vimos.
Pájaros del mismo pelo juntos emprenden el vuelo.
Deja al menos un huevo en el nido
Haz bien, no te arrepientas, haz mal, te esperará a la vuelta de la esquina.
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
Tal padre, tal hijo.
Poco y en paz, mucho se me haz.
Aun conociéndolo, el cura y la mariposa caen en el fuego
La esperanza alegra el alma.
En cielo despejado puede desatarse de repente una tempestad.
Vamos arando dijo la mosca sentada arriba de los cachos del buey.
El aprendizaje es un tesoro que seguirá a su dueño a todas partes.
El que se traga un hueso, confianza tiene en su pescuezo.
Todos son unos, muertos y difuntos.
Novia llorosa, sonriente esposa, novia sonriente, llorosa esposa.
Los amigos se conocen en las ocasiones.
Casadita y con hijos te quisiera ver, que doncella y hermosa cualquiera lo es.
Septiembre muy mojado, mucho mosto pero aguado.
El ojo de un amigo es un buen espejo.
Culo veo, culo quiero.
Niebla que amanece, levanta y no agarra, buen tiempo que no falla.
Mejor es una medida que el Dios te conceda, que cinco mil logradas sin legalidad.
Mi alma a Dios, mi vida al rey, mi corazón a la dama.
Aunque esté echado el cerrojo, duerme con un solo ojo.
Solo en la actividad desearás vivir cien años.
Una que hice y tres que pensé hacer, cuatro que me apunté.
Quien da no debe acordarse; quien recibe no debe olvidar nunca
El amigo no es conocido hasta que está perdido
Una desgracia, a cualquiera le pasa.
Nieves en la tierra, abundancia en la vega.