Infierno y gloria, dos nombres en discordia.
Los frailes en jubón, hombres son.
Sabiduría de pobre hombre, hermosura de puta y fuerza de ganapán, nada val.
El mundo es para los osados, no para los tímidos callados.
Ira de hermanos, ira de diablos.
Quien no tiene en que mear, se levanta y va al solar.
La vida es una cebolla y hay que pelarla llorando.
Burro amarrado, leña segura.
A fraile no hagas cama; de tu mujer no hagas ama.
Costurera sin dedal, cose poco y cose mal.
El loco, por la pena es cuerdo.
Casa nueva, no habites en ella.
La soga, tras el caldero.
Razón y cuenta, amistad sustenta.
Amigos y relojes de sol, sin nubes sí, con nubes no.
Alegrías y pesares, te vendrán sin que los buscares.
Males comunicados, son aliviados.
Boca cerrada, más fuerte es que muralla.
Del monte sale, con que se arde.
Alba roja , vela moja.
Deudas tengamos, pero amigos seamos.
En la boca del discreto, lo público es secreto.
Suerte, y al toro.
El sol no sabe de buenos, el sol no sabe de malos. El sol ilumina y calienta a todos por igual. Quien se encuentra a sí mismo es como el sol.
Lleno está el infierno de buenas intenciones.
Vive y deja vivir.
En tierra de abrojos, abre los ojos.
Es buenísismo el amigo y bueno el pariente, pero se pierden cuando ya no queda nada
Cuentas claras, amistades largas.
De hijos y de bienes, la casa llenes.
Cual es el padre, así los hijos salen.
La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
Virtud da la vida y el vicio la quita.
Hombre de voz hueca, sesera vacía o seca.
La alegría da resplandor a la piel de la cara
En este mundo jodido el hijo regaña al padre y la mujer al marido.
No hay atajo sin trabajo, ni rodeo sin deseo.
Entre santo y santa, cama doble y buena manta.
Labor de Mencia, murmurar de noche y holgar de día.
La casa la hace el hombre y el parentesco la mujer.
En la amistad no se mira la obra sino la voluntad.
Cada día sale el sol, se vea o no.
De tierra de alacranes, pocos panes.
Ni tras pared ni tras seto digas tu secreto.
Secreto tan solo es lo que sabemos dos: Dios y yo.
Cada casa es un mundo, y cada cabeza una alcancía.
Harto da quien da lo que tiene.
La mujer que no dice que sí, no vale un maravedí.
Del avaro un solo bien se espera: que se muera.
Guagua que llora mama.