Tener el juego trancado.
Un centímetro delante nuestro es completa oscuridad.
Si quieres saber de verdad qué piensa de ti tu vecino, riñe con él.
A fin de que seas mejor, purifícate todos los días.
A chico pié, gran zapato.
Cuando camines, camina. Cuando comas, simplemente come.
Bueno es dar, y sin embargo, no conviene ser muy largo.
El que tenga tienda, que la atienda.
El buen vino de ha de beber en cristal fino.
No necesito tecomates para nadar.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
Se empieza por avergonzarse de un vicio y se acaba alardeando de él
Una mala transacción es mejor que una buena batalla.
Favorece a quien te ayudó y olvida al que se negó.
A tal puta, tal rufián.
Cuando el marido llega a la casa debe pegarle a su mujer, si él no sabe el motivo, seguramente ella si lo sabe.
Lo pasado ha huido, lo que esperas esta ausente, pero el presente es tuyo.
Abrir al hombre y dar lugar por donde le entren al melonar, sería necedad.
Jorobas y manías no las curan los médicos.
Consejos vendo y para mí no tengo.
Ponle a un perro un nombre sabroso y cómetelo.
La zorra cambia su pellejo; pero no sus mañas.
El que tiene obreros no sabe lo que es tener patrones.
El que tiene padrino es el que se bautiza.
El que camina en terreno plano, jamas tropieza.
El que no quiera ver visiones que no salga de noche.
Salamanca, a unos sana y a otros manca y a todos deja sin blanca.
De hurtar una castaña y otra castaña, se hace la mala maña.
Las apariencias engañan.
Come para vivir, pero no vivas para comer.
Aunque es algo loco, la pena le hará cuerdo.
Sacar los trapos al sol.
Quien del alacran esta picado, de la sombra se espanta.
Más maestra es la adversidad que la prosperidad.
Como la espada, así la vaina.
Buen corazón quebranta mala ventura.
Cuando hablares, cuida qué, cómo y de quién, dónde, cuándo y con quién.
Corazón codicioso, no tiene reposo.
El perro del hortelano, que ni come las berzas ni las deja comer al amo.
El buen cirujano. opera temprano.
La dicha de la fea, la hermosa la desea.
Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.
Buena bolsa, envidiosos y ladrones la hacen peligrosa.
Cuando veas al erizo comiendo madroños, entrado está el otoño.
El que utiliza un gran haz de leña para cocinar no tiene consideración con el que ha de recoger la leña.
Del hombre arraigado no te verás vengado.
Mucho ofrecer y poco dar, xuntos suelen andar.
Es más terco que una mula.
Una equivocación, cualquiera la tiene.
El dinero tiene la cola corta. Por eso cuesta tanto agarrarlo.