Jamón y porrón, hacen buena reunión.
Reloj y campana, muerto mañana.
Del santo me espanto, del pillo, no tanto.
Me cayó como patada en la guata.
Pobre pero honrado.
Mire usted qué dicha, perder el asno y hallar la cincha.
A marido ausente, amigo presente.
Más vale prevenir que tener que lamentar.
A chico santo, gran vigilia.
Más refranes hay que panes; y cuando no tengo pan, pido consuelo a un refrán.
Lo que te han dado, recíbelo con agrado.
El ladrón piensa en el robo, y el preso en la libertad.
Ser el último orejón del tarro.
Hacer de tripas corazón.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
A la ocasión la pintan calva.
Esta de mírame y no me toques.
Mancebo me fui, y envejecí; más nunca al justo desamparado vi.
Para mi cualquier petate es colchon.
A llorar al cuartito.
Para quien es mi hija, basta mi yerno.
Dime con quién andas y te diré quién eres.
Ayúdate y te ayudaré.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
Si te señalo la luna, no te quedes mirando mi dedo.
Caro me lo dan y caro lo vendo.
Tres ces matan a los viejos: caída, cámaras y casamiento.
Hombre prevenido, nunca fue vencido.
El Abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quiso la cazuela.
Vicio es callar cuando se debe hablar.
Zumo de parras, la alegría de la casa.
En camino largo, corto el paso.
Enójate pero no pegues.
Ya acaecido el hecho, llega tarde el consejo.
Si mi abuela tuviera huevos sería mi abuelo.
El sol siempre reluce.
Mientras más aprendo menos sé.
La ilusión del cazador, a una mentira otra mayor.
La verguenza es último que se piedre.
El miedo guarda la viña.
Más apaga buena palabra que caldera de agua.
Acuérdate al atar de que has de desatar.
A fácil perdón, frecuente ladrón.
Amistad fuerte, llega más allá de la muerte.
A quien se casa viejo, o muerte o cuernos.
Locura es no guardar lo que cuesta sudores ganar.
Pecado callado, medio perdonado.
Más son los que han tenido que arrepentirse de hablar que de guardar silencio.
Quien roba una vez, roba diez.
El que es culpable puede reincidir.