Quiero ver si como ronca duerme.
La suavidad domina más que la ira.
Donde hubo pan migajas quedan.
Tu desnudo y yo sin bragas, algo me hagas.
A la vejez, cuernos de pez.
Nada se dice ni se hace bien en momentos de pasión.
Para fastidiar al patrón, no como lentejas.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
Orgullo, riqueza y hermosura son nada en la sepultura.
No dejes crecer la hierba en el amino de la verdad.
Una mano lava la otra, y ambas lavan la cara.
No hay mula con cuernos, ni mujer discreta.
Las palabras se cogen, de quien las dice.
Chico pueblo, grande infierno.
Sobre brevas, ni agua ni peras.
La cascara guarda el palo.
Hijo descalostrado, medio criado.
El tiempo todo lo pone a prueba.
Cada uno como pueda se explique, y se rasque donde le pique.
Quien predica en desierto pierde el sermón, y quien lava la cabeza del asno pierde el jabón.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
Guarda y no prestes; porfía y no apuestes.
Abril concluido, invierno ido.
Las palabras no tienen alas pero pueden volar miles de kilómetros
Enchufa el ASKAR. (Radio de principios de los 60, para enterarse, más o menos de lo que pasa por el planeta).
El que está en el lodo querría meter a otro.
De hijos y de bienes, la casa llenes.
Variante: Por su mejoría su casa dejaría.
De ensalada, dos bocados y dejada.
Comprar a alforjas y vender a onzas.
Alegría y pobreza y no pesares y riqueza.
No hay alquimia mejor que el ahorro.
Llorar (el gato) la muerte del ratón.
Esto de mi casamiento es cosa de cuento; cuanto más se trata, más se desbarata.
Abad avariento, por un bodigo pierde ciento.
Es mucho arroz para este pollo.
Todo lo prieto no es morcilla.
La cerilla tiene cabeza pero no tiene corazón.
A gran prisa, gran vagar.
En buenas manos está el pandero que lo sabrá bien tañer.
La muerte, al pobre no se atreve.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
Juventud, calor y brío; vejez, tembladera y frío.
Puerco que no grita cuchillo con el.
En verano hasta el más seco suda.
Al ausente, por muerto le da la gente.
Para decir la verdad, poca elocuencia basta.
Más vale oler a asno que a muerto.
Es de vidrio la mujer, pero no se ha de probar si se puede o no romper, pues todo podría ser.