No hay casa donde no haya su calla, calla.
Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
Sufre callando lo que no puedes remediar hablando.
Prefiero ponerme colorado una vez que rosado muchas veces.
A cavador perucho, si le dieres algo, que no sea mucho.
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio.
Muerto que no hace ruido, mayores son las súas penas.
El que tiene caridad y un alma pura, de las fallas ajenas no murmura.
Río, señor, horno, mulo ni molino, no lo tengas por vecino.
Lágrimas de puta, amenazas de rufián y juramentos de mercader, no se han de creer.
El peligro que no se teme, más presto viene.
Del lobo un pelo.
La pelota es redonda y viene en caja cuadra.
Al amigo, nunca lo pruebes.
El mozo bien criado no habla sino cuando es preguntado.
La cultura es como el azúcar; aunque haya poca da dulzor.
Hay algo más en ello que un arenque vacío
Por una senda escarpada, la maleta es más pesada.
Cuervos vienen, carne huelen.
Donde las leyes flaquean, los pillos se pavonean.
Quedo como la teta de la vaca, ni en el cuero ni en la carne.
Bonita y fina me haga Dios; que rubia y blanca me haré yo.
Por las calles de Levante, el diluvio y la inundación, hacen en otoño su aparición.
El agua para el pollino, para el hombre el vino.
El tiempo es padre de la verdad y a relucir la sacará.
Bigote al ojo, aunque no haya un cuarto.
Es pan comido.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Lo que en la leche se mama, en la mortaja se derrama.
El que come tierra, carga su terrón.
Sin un duro, no ha futuro.