Si quieres hablar mal de alguien, hazlo por donde no sople el aire.
La vida es un soplo.
Hasta en los mocos hay diferencia: unos se tiran al suelo y otros se guardan en pañuelos de seda.
Piedra movediza, nunca moho la cobija.
Florecillas en el trigo, pegujal medio perdido.
De la cuchara a la boca, se cae la sopa.
Barro y cal, encubre mucho mal.
Si el pimentonero se acerca a tu casa, la nieve baja.
Niebla en la Montaña, labrador a tu cabaña.
La mierda, cuanto más se mueve más huele.
Lo que humedecido viene, muy prontico se reviene.
Una escoba ataviada, por dama hermosa pasa.
Variante: Palabras y plumas el viento las lleva.
Del gaznate para abajo, todo sopas de ajo.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Se puede esconder el fuego, pero ¿Qué se hace con el humo?
Cada pelo hace su sombra en el suelo.
Antes falta la palabra en la plaza, que el estiércol en la haza.
Ni compres de ladrón, ni hagas lumbre de carbón.
Las gotas de lluvia eran tan grandes como ubre de vaca.
El perro flaco todo es pulgas.
Mal haya carbón de haya.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
Difama, que algo queda.
Paloma que vuela . . . a la cazuela.
Pulgas tiene la viuda, busque quien se las sacuda.
Pan con sudor, sabe mejor.
Agua de lluvia, siempre delgada y nunca sucia.
Soplar la pelusa de un abrigo de pieles, para descubrir el menor defecto.
Es como la mierda del pavo que ni sabe ni huele.
Humo y mala cara, sacan a la gente de casa.
Callar y callemos que todos de barro semos.
Por pulido que sea, no hay culo que no pea.
Aire gallego, escoba del cielo.
Chimenea acabada, a los tres días ahumada.
Niebla en el valle, labrador a la calle.
A candil muerto, todo es prieto.
La tos seca es de la muerte trompeta.
Al triste, el puñado de trigo se le vuelve alpiste.
No hay quien escupa al cielo que a la cara no le caiga.
Niebla en alto, lluvias en bajo.
Pon tu culo en concejo; uno te dirá que es blanco, otro que es bermejo.
Dios da mocos al que no tiene pañuelo.
La esencia fina viene en frasquito chico.
Responder al airado luego, es echar leña al fuego.
Por el humo se sabe donde está el fuego.
No es oro todo lo que reluce, ni harina lo que blanquea.
Para poca ventura, remedio es la sepultura.
Borroncitos en la plana, azotitos en la nalga.
Zumo de uvitas suaves, ¡qué bien sabes!.