Más merezco; pero contigo me conformo.
Pregunta al hombre con experiencia, no al hombre con estudios.
El buen vino sin ramo se vende.
Casa cerrada, casa arruinada.
El hacer bien a un bellaco, es guardar agua en un saco.
El tiempo es oro y el que lo pierde tonto.
Mal ajeno, no cura mi duelo.
Refranes viejos, recortes del evangelio.
Cuando se enciende el pajar viejo, más arde que el nuevo.
Viuda honrada, su puerta cerrada.
Agua de enero, cada gota vale un dinero.
Ser más bueno que el pan.
Cuesta abajo, hasta la mierda corre.
Ea, que hago barato: ¡lo que vale tres, lo doy por cuatro!.
Una cosa es predicar y otra dar trigo.
El que quiere moño bonito, tiene que aguantar jalones.
Casa sin gobierno, disgusto eterno.
El que desalaba la yegua, ése la merca.
Casa ajena y caballo que no come hierba, déjale que se pierda.
Las palabras son como las hojas, cuando más abundan poco frutos hay entre ellas.
No hay que perder una tripa por no hacer bulla.
Esa muchacha caraja, no presta el hacha ni raja.
Quien carece de talento, echa siempre el mismo cuento.
La casa que no la visita el sol, la visita el doctor.
Cuando dos pleitean, un tercero se aprovecha.
Es en vano dar razones cuando no las escuchan.
Hombre que el bien no agradece solo el desprecio merece.
A carne de lobo diente de perro.
No es cierto que la gente deje de perseguir sus sueños porque envejece, más bien envejece cuando deja de perseguir sus sueños.
Le vale mucho más al cuerdo la regla, que al necio la renta.
Acá o allá mira siempre con quien vas.
Quien compra ha de tener cien ojos; a quien vende le basta uno solo.
Los azotes duelen según el tamaño del culo.
Que cada cual se rasque con sus uñas.
Que aprovecha bien ganar, ¿para mal gastar?
A gente villana, pocas palabras y ésas, claras.
Cada vez que uno ríe quita un clavo del ataúd
Cada cual se cuelgue lo que mate.
No hables en falso de un hombre; no separes el corazón de tu lengua.
Vale más buena cara que un montón de halagos
Quien quiere y no puede, gran mal tiene.
El que fácilmente se enoja, hace locuras.
Palabras vacías no llenan un estómago vacío.
Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría.
Por San Antón, gallinita pon; y por la Candelaria, la buena y la mala.
El verdadero secreto de la felicidad consiste en exigirse mucho a uno mismo y poco a los demás
El luto de la abuela, corre que vuela, y el del abuelo, lo que dura el duelo.
Hacerse el de la oreja mocha.
Quien amigo es del vino, enemigo es de sí mismo.
Lo barato cuesta caro