El derecho de los pobres no es más que llanto
Consejo femenil, o muy bueno, o muy vil.
Placer para los curas: abrir cada día la sepultura.
Ayer putas y hoy comadres.
Debajo de mi capa, mate al Rey.
La casa hecha y el hueco a la puerta.
Al buen jugador la pelota le viene.
Creerse el papá de los helados.
Cuando a Roma fueres, haz como vieres.
A mis años llegaras o la vida te costara.
Trabajo de común, trabajo de ningún.
No quieras nunca buenos comienzos.
Quien lejos va a casar o va engañado, o va a engañar.
No digas cuatro hasta que no lo tengas en el saco
Lo fiado es pariente de lo dado.
De pollos de labrador, líbranos, Señor.
La bolsa del miserable, viene el diablo y la abre.
Si se pierde enero, búscalo por la flor del almendro.
A la corta o a la larga, el tiempo todo lo alcanza.
Piensa con menos emociones y vivirás largos días.
La edad primero que la belleza.
No estará muy triste, quien de rojo viste.
No te acostumbres a lo que no dure.
Que cada zorro cuide su propia cola.
La esperanza es un buen desayuno; pero una mala cena.
La joya no puede ser pulida sin fricción, ni el hombre perfeccionarse sin dificultades.
El dinero procura amigos, pero no aquellos que desearías.
De casas y de potros que lo hagan otros.
A dádivas, no hay acero que resista.
Olivo, oliva y aceituno, todo es uno.
Un buen libro es un tesoro: cada hoja, un pan de oro.
Ya están las migas en la poyata, y el que se descuide no las cata.
Hasta el más delgado pelo, hace una sombra en el suelo.
Hacer un hueco para tapar otro.
Sé primero en sembrar si quieres aventajar.
Que mi capa sea larga o corta, ¿qué te importa?.
La hambre no tiene aguante.
Mas vale un grito a tiempo que un sermón bien deletreado.
De buen caldo, buenas sopas.
La madrugada del caballero, al darle el sol en el trasero.
El andar de la madre, tiene la hija. Siempre salen los cascos a la botija.
Bien canta Marta después de harta.
No esperes que otro haga por lo que a ti se te paga.
No juzgues el barco desde tierra
A la mujer feliz, la vida le ha de sonreír.
Alegría no comunicada, alegría malograda.
Para el avaro, todo es caro.
Variante: Sacristán que vende cera y no tiene colmenar, o la saca de la oreja o la roba del altar.
Estás más perdido que un juey bizco.
A preñada, hasta que para, y a la parida, cada día.