El oficial que no miente, sálgase de entre la gente.
Yerro es tomar oficio ajeno y dejar el propio.
Le puso el dedo en la llaga.
Para la virtud somos de piedra, y para el vicio somos de cera.
Flaco hombre, mucho come.
Flor de Marzo, no quiebra el carro.
No cierres una puerta, si no has abierto otra.
Cuando el carro se ha roto mucho os dirán por donde se debía pasar.
No hay árbol que el viento no haya sacudido.
La flor caída no vuelve a la planta
Quien no se aventura, no cruza la mar.
Al amigo pélale el higo, al enemigo, el melocotón
Nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la mueve.
Uno hizo la calza, y otro se la calza.
El ladrón no roba jamás una campana.
Cuanto más grande la cabeza, más fuerte la jaqueca.
Palabras melosas, siempre engañosas.
El cornudo es el último que lo sabe.
Aramos, dijo la mosca al buey.
El que no la hace a la entrada la hace en la salida.
Por San Simon y Judas, saben más ricas las uvas.
Con zapato muy justo, nadie anda a gusto.
Dios da la harina y el Diablo la maquila.
Muchos pocos quieren los que no son locos.
El melón, calado, y el amigo, bien probado.
Cuando el corsario promete misas y cera, con mal anda la galera.
Ni pidas a mujer hermosa, y prometas a pobre, ni debas a rico.
Más ruido hace uno que charla que ciento que callan.
A gran calva, gran pedrada.
El que muere, se libra de lo que debe.
Cuando el hombre está de malas, su mujer pare de otro y el hijo se le parece.
Yo que la buscaba, y ella que no se quiso esconder, se juntaron el hambre con las ganas de comer.
Cochinillo de Febrero, con su padre al humero.
Quien tiene pies, de cuando en cuando da traspies.
Al papel y a la mujer, lo que le quieran poner.
De Gumiel de Izán, ni hombres ni pan.
La mujer en soledad piensa solo en la maldad.
Yo soñaba que la vida era alegría, desperté y vi que la vida es servicio; serví y vi que el servicio da alegría.
Hay quienes pasan por el bosque y no ven leña para el fuego.
Malo es el zamarro de espulgar, y el viejo de castigar.
Quien más bebe, más sed tiene.
Un mal juicio conduce a malas decisiones.
Cuando te dieren el anillo, pon el dedillo.
El hijo de la cabra, cabrito ha de ser.
No se disparan flechas a una cara sonriente.
Cuando llueve y hace sol, sonríe Nuestro Señor.
El que dice tener palabra, al final no te cumple nada.
Iba en su yegua y preguntaba por ella.
El que en casarse acierta, en nada yerra.
Para roer, la cabra, y para el colchón, la lana.