A quien se siente en cada pena, nunca le falta qué le duela.
El que trae , lleva.
El deseo de aprender es natural en los hombres buenos.
Cuando uno se enoja, la razón se va de paseo.
Rebuznos de asno no llegan al cielo.
El más fuerte teme a la muerte.
De buenas intenciones, está empedrado el infierno.
Quien pretende lo que no merece, vive en trabajo y en él fenece.
Casarse bajo el palo de la escoba
En el marido, prudencia; en la mujer, paciencia.
Cada gallina a su gallinero.
A cordero extraño, no agasajes en tu rebaño.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Dar una en el clavo y ciento en la herradura.
El peligro que no se teme, más presto viene.
Al amigo y al caballo no apretallo.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
Salvarse por los pelos.
En lugar de señorío, no hagas tu nido.
Los más completos varones, se amarran los pantalones.
Es ilusión fementida, un mundo a nuestra medida.
Hay que dar el todo por el todo.
Cuando el diablo habla, licencia tiene de Dios.
Con el viento se limpia el trigo, y los vicios con castigo.
Burro que gran hambre siente, a todo le mete el diente.
El criado, el gallo y el amo: un año; si es bueno: dos; ya tres: ¡os!.
Abril siempre vil; al principio, al medio y al fin.
Caballo de regalo, tenlo por bueno aunque sea malo.
Miente tu por mi, y yo jurare por ti.
Yegua que no has de montar, de tu paja ni catar.
Ceño y enseño de mal hijo hace bueno.
Le quieren enseñar al padrecito a rezar el Padre Nuestro.
Dios hace lo que quiere, y el hombre, lo que puede.
él que no aprecia uno, no puede conseguir mil.
Cuando se desahoga el sentimiento, la pena es menos.
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
Sábele bien y hácele mal a mi borriquito hoja de nogal.
Dame venta y te daré cuenta.
Comadre andariega, donde voy allá os fallo.
Desde pequeñito se endereza el arbolito.
Gallo viejo con el ala mata.
No estará muy triste, quien de rojo viste.
A nadie le parece poco lo que da, ni mucho lo que tiene.
El beber es caballero, y el comer villano y grosero.
Toda demasía enfada y hastía.
El que ve la mota en el ojo ajeno, vea la viga en el suyo.
La ociosidad enseña muchas maldades.
La cortesía exige reciprocidad.
No hay nada más hermoso que un padre llegue a convertirse en amigo de sus hijos, cuando estos lleguen a perderle el temor pero no el respeto.
Carga que con gusto se lleva, no pesa.