Cuando alguien tiene un vicio, o se caga en la puerta o se caga en el quicio.
El vicio, saca la casa de quicio.
Cada puerta va bien en su quicio, y cada uno en su oficio.
El diablo abre la puerta, y el vicio la mantiene abierta.
La contemplación del vicio es vicio.
De todos es la huerta que no tiene cerca ni puerta.
La que tiene cara honrada, no encuentra puerta cerrada.
Quien tiene diarrea se pega con la puerta.
Apenas cierra Dios una puerta, y ya tiene una ventana abierta.
Sacar las cosas de quicio, no se hace sin perjuicio.
Cuando la puta está a la puerta y el oficial tiene cerrada la tienda, ten por cierta la fiesta.
Solo una puerta no abre el martillo de oro: la puerta del cielo.