Siete le daban al tocho, y el quería ocho.
Bebe y ata la bota.
El agua tiene babosas.
Dinero de canto, se va rodando.
El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor.
A la noche, arreboles, a la mañana habrá soles.
Eso no te lo despinta nadie.
Se conoce a sí mismo aquel que vive en armonía con el universo navajo.
Belleza sin talento, veleta sin viento.
No ser escaparate de nadie.
Todo se pega, menos la hermosura.
Cielo borreguero, vendaval o agua del cielo.
Compuesta, no hay mujer fea.
Guárdete Dios del diablo, de hijo y ojo de puta, y de tumbo de dado.
Más quiero viejo que me ruegue que galán que me abofetee.
La muerte hace reflexionar.
Bailando con la más fea
Riñen las comadres y dícense las verdades.
Pájaro y flor, en abril buscan su amor.
El que solo se ríe, de sus maldades se acuerda.
Necio o loco es el orgulloso, pues no medita en que fue lodo y será polvo.
Dios nos ha creado hermanos pero nos ha dado monederos separados.
Hacer que hacemos, y no hacemos nada.
Hijos casados, trabajo doble.
Como mi llamamiento es alto, las obligaciones que me incumben también son fuertes, y me temo que en mi gobierno pueda haber deficiencias
Donde se cree que hay tocinos, no hay estacas.
Bien parece y bien están el asno en la cuadra y la mujer en el hogar.
El que da, no debe volver a acordarse, pero el que recibe, nunca debe olvidar.
Para el catarro el jarro, y si no se quita, la botellita.
Cuando un sábado al anochecer veas nubes pardas, al otro día domingo.
Una persona de gran sabiduría suele parecer torpe.
Más pica espuela de celos que de aceros.
Habladas o escritas las palabras, sobran las que no hacen falta.
Quien da no debe acordarse; quien recibe no debe olvidar nunca
Con cacao se paga el cacao, con dinero el dinero y con maíz el maíz.
El arado rabudo, el arador, barbudo.
Cochinillo de Febrero, con su padre al humero.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
La ira de los que aman, en hacerse caricias para.
El niño llorón y la china que lo pellizca.
No importa que nazcan chatos nomás que respiren bien.
Cada día tiene su refrán y su afán.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.
Ayunen los santos, que no tienen tripas.
No es lo mismo oír que escuchar.
Se van con quien, las cartas y las mujeres.
En caso de duda, que no sean ellas las viudas.
El que tiene sed, busca agua.
Donde nada nos deben, buenos son cinco dineros.
Los hijos de mis hijas, mis nietos son. Los de mis hijos, sábelo Dios.