Esto esta hecho nomás a que aguante entrega.
Panza llena, quita pena.
Del mal, el menos.
Fue puta la madre y basta; la hija saldrá a la casta.
Las palabras no dan fuerza a las piernas.
La ocupación constante previene las tentaciones.
Para la iglesia nada es secular, menos aquello que es pecaminoso
Como caldo de zorra, que esta frío y quema.
De ambos ha sido el acertar; tú al pedir, yo al no dar.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Un mal candado llamará a la ganzúa.
Contra los males de amor, cucharadas del olvido, con fomentos de otro amor; pero.
Bueno de asar, duro de pelar.
Libra tu lengua de replicar a tu superior y guárdate de denigrarle.
Ama, perdona y olvida.
No pasa seguro quien corre por el muro.
Al higo por amigo
Al bien, buscarlo, al mal espantarlo.
Lo que el malvado teme, eso le ocurre; lo que el justo desea, eso recibe.
Mal juzga el arte, el que en él no tiene parte.
Cuando menos piensa el galgo, salta la liebre.
Hacérsele a uno algo cuesta arriba.
La mujer casada y honrada, la pierna quebrada.
Da órdenes, no hagas más y nadie se moverá.
Al vino y a la mujer, por el culo a poder ser.
Muchos a dispoñer, ningún a cumprir.
De ausente a muerto, no va un dedo.
Entre reventar o peer, ¿qué duda puede haber?.
Gente parada, malos pensamientos.
La mujer y la sardina, cuanto más salada más dañina.
Casamiento sin engaños uno cada diez años.
Agua coge con harnero, quien se cree de ligero.
No es lo mismo atrás que en ancas.
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
En tu comunidad, no luzcas tu habilidad.
Mujer llorona, es puta o ladrón.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
La ignorancia es peor que la corrupción.
El que tiene miedo corre a la iglesia.
El que con leche se quema, hasta al jocoque le sopla.
Pedir más es avaricia.
El pequeño can levanta la liebre y el grande la prende.
El que desalaba la yegua, ése la merca.
Para colmo de males, tratar con animales.
Más ordinario que un sicario en un burro.
El trabajo ennoblece.
Un antiguo amor nos atormenta como la caries de un diente
La primavera la sangre altera.
Entre hermano y hermano, dos testigos y un escribano.
La dicción muy elocuente, poco persuade a la gente.