Cuando te sientes a comer, los codos en la mesa no has de poner.
Jueguen con el santo, pero no con la limosna.
Lo que Dios no da, Salamanca no presta.
Quien en tiempo huye en tiempo acude.
Como mi hermano, que entró de mozo y salió de amo.
Hay que tomar el toro por las astas.
En la iglesia el primero que roba es el sacristán.
Dios nos libre del hombre de un solo libro.
Quien cede el paso ensancha el camino.
Muerto, ¿quieres misa?.
Es más hábil funcionario, quien más ordeña al erario.
El que tiene caridad y un alma pura, de las fallas ajenas no murmura.
Incluso sin poder gatear quieres correr.
En casa del ahorcado, no mientes la soga.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Tronar como un arpa vieja.
Cada día verás quien peque y pague.
Jugar y nunca perder, no puede ser.
Ingratos hacen recatados.
Te lo digo a ti, mi nuera; entiendelo ti mi suegra.
De cabo a sargento, y no está contento.
Donde pone el ojo, pone la bala.
Beber, para comer; y aún eso, sin exceso.
Freídle un huevo, que dos merece.
El que se brinda se sobra.
Cada uno en su casa, al rey hace cabrón.
El ganar es ventura y el conservar, cordura.
A buen capellán, mejor sacristán.
Lo heredado y lo ganado al juego, se tiene en poco aprecio.
La desconfianza y el amor no comen en el mismo plato
A lo que puedas solo no esperes a otro.
Con un refrán puede gobernarse una ciudad.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Madre pía, daña cría.
De señora a señora, empanadas y no ollas.
Hacer una cosa en un avemaría.
Ese oye sus defectos que no calla los ajenos.
Renegad de hombre, que le hace ruido hasta el nombre.
De buenos y de mejores a mi hija vengan demandadores.
Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza te impida ver el camino.
La ayuda del niño es poca, pero la que no la aprovecha es tonta
Dos negaciones afirman, pero tres confirman.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
Si uno no entra en la guarida del tigre, ¿cómo podrá apoderarse de sus cachorros?
Con el mal pastor, las ovejas se queman al sol.
Casa donde manda la mujer, no vale un alfiler. Pero las hay por doquier.
Yerros por amores, merecen mil perdones.
En la naturaleza, no hay castigos ni premios, solo consecuencias.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
Entre padres y hermanos no metas tus manos.