Cada pez en su agua.
cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito.
A preguiça se deu bem.
El cebo es el que engaña, no la caña.
Pan tierno y vino añejo dan la vida al viejo.
El muerto es del mar cuando la tierra lejos está.
Agárreme, que llevo prisa.
Rey nuevo, ley nueva.
Donde humo sale, fuego hay.
La zorra solo una vez en el lazo se toma.
Si la montaña no va Mahoma, Mahoma va a la montaña.
El viejo pone la viña y el mozo la vendimia.
Nadie se hace calvo en un rato, sino paso a paso.
La vieja escarmentada, pasa el río arremangada.
Lo pasado, pasado, borrón y cuenta nueva.
Es más fácil doblar el cuerpo que la voluntad.
Los hijos heredan las culpas de los padres
De dos bienes, el mayor; de dos males, el menor.
Dos es compañía, tres multitud.
Una golondrina no hace verano.
Cazador de Galgo, escopeta y hurón, no reñirán sus hijos por la partición
Se creye o flaire que toz son d'o suyo aire [refrán escribiu en aragonés].
El caballo y la mujer, al ojo se han de tener.
Casa en canto, y viña en pago.
En la oscuridad todas las mujeres son bellas
El beso lo inventó Dios y el diablo lo que viene en pos.
La suerte es loca y a cualquiera le toca.
La mujer es como el sendero por el que se camina: no se debe pensar en los que ya lo anduvieron ni en los que lo andarán.
Justicia es agravio cuando no la aplica el sabio.
Más vale bueno que mucho.
Vecinas porque les digo las mentiras.
Lo que hace tu mano derecha que no lo sepa tu izquierda.
Amigo traidor, una buena cuerda y colgado al sol.
Cien refranes, cien verdades.
Orden y medida, pasarás bien la vida.
El que se viste con lo ajeno, en la calle lo desnudan.
No digas que va a llover, sin sentir gotas caer.
El abismo lleva al abismo
Se coge al toro por los cuernos, al hombre por la palabra y a la mujer por el elogio.
Un lago se forma gota a gota.
Si no hubiese tercos, no habría pleitos.
Una vez se nace, una vez se muere y una vez se quiere.
Saberlo ganar y saberlo gastar, eso es disfrutar.
Que la esperanza no te lleve jamás a despreciar lo que tienes.
Hacer hijos da gusto, pero de darles de mamar me asusto.
No te fíes de las nieblas, ni de las promesas de suegra.
A quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones.
La verguenza, cuando sale ya no entra.
El necio no escarmienta sino en su cabeza.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.