Mañana de niebla, tarde de paseo.
El secreto de la vida no está en vivir, sino en vivirla.
No hay hombre tan bravo que el tiempo no haga manso.
Las cosas bien pensadas, bien acertadas.
La necesidad conduce a Dios.
Una van de cal y otra van de arena.
Bachiller en artes, burro en todas partes.
Necio que calla por sabio que pasa.
La bebida despinta al barniz y descubre al hombre.
Lo mejor que hizo Dios fue un día detrás del otro.
La primavera la sangre altera.
A la mujer por lo que valga, no por lo que traiga.
En la amistad no se mira la obra sino la voluntad.
A la mujer parida y a tela urdida, nunca le falta guarida.
La alegría, Dios la da y el diablo la quita.
Vivimos entre dos nadas: nada al nacer y nada al morir.
La ignorancia es la madre del atrevimiento.
La madera de enero no la pongas al humero; déjala estar cortada, que ella se curte y amansa.
Al loco y al fraile, aire.
Ni amor forzado, ni zapato apretado.
A buen árbol te arrimas, buena sombra te cobija.
Maldita seas, ave; la pluma, más no la carne.
A fuerza de constancia y fina intriga, un elefante desfloró a una hormiga.
Más que la mujer hermosa vale la hacendosa.
Buena crianza no pierde punto.
La madurez solo se vive una vez.
Abejas sin comida, colmenas perdidas.
Dios tarda, pero no olvida.
Unos tener tanto y otros tan poco, propio es de este mundo loco.
Ocasión desaprovechada, necedad probada.
La paciencia es el mejor escudo contra las afrentas.
Alta y esbelta me haga Dios, que rubia y morena ya me haré yo.
Más claro, agua.
Ir por lana y volver trasquilado.
Guardado está lo que guarda Dios; pero lo demás, no.
La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
Los defectos son como los olores: los nota más la persona de al lado que el que los lleva
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
Frutos y amores, los primeros son los mejores.
Campo florido, campo perdido.
Dios tiene una caña muy larga que a todas partes alcanza.
Quien de los suyos se aleja, Dios le deja.
Costumbre hace la ley.
La mujer tiene que arreglarse, la joven para agradar y la vieja para no espantar.
Dios me lo dio y Dios me lo quitó, bendito sea Dios.
Aprovechar bien la lumbre, es buena costumbre.
Cuentas claras, amistades largas.
A tu Dios y Señor, lo mejor de lo mejor.
La mujer y el vino hacen del hombre un pollino.
La mujer siempre es más lista que el hombre que la conquista.