Pobre, feo y trillador; pide que te ayude Dios.
El toro y el vergonzoso poco duran en el coso.
Pedo con sueño no tiene dueño.
Figa verdal y moza de hostal, palpando se madura.
Breve habla el que es prudente.
Anda caliente, come poco, bebe asaz, y vivirás.
El amor encogido en poco es tenido.
Hay que guardarse bien de un agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silencioso.
No se escarmienta, mi viejo, sino en el propio pellejo.
El cebo oculta el anzuelo.
Tiene que ser muy duro el invierno cuando un lobo muerde a otro.
En el amor como en las armas la confianza pierde al hombre.
El aragonés fino después de comer tiene frío.
Anda con tiento cuando tengas de cara el viento.
Ruin que convida, deja a todos sin comida.
La muerte es puerta de la vida.
Querer es poder.
El que no arriesga no gana.
Reniego de caballo que se enfrena por el rabo.
Muerte la gata, los RATONES bailan.
Con estudiante y soldado, mozuelas, mucho cuidado.
Por la caridad entró la peste. (Miguel Angel Fuentes)
Solo hay tres cosas que conviene hacer aprisa; huir de la peste, alejarse de las querellas y cazar pulgas.
Modestia exagerada, modestia falsa.
El mozo perezoso, por no dar un paso da ocho.
Hermosura en puta y fuerza en el badajo.
Dios te guarde de hombre que no habla y de can que no calla.
No le pido pan al hambre, ni chocolate a la muerte.
Hay gente tan lista que se pierde de vista.
A ruin, ruin y medio.
Te cierran una puerta y te abren diez.
Codicia mala, el saco rompe.
En otoño y en invierno, tiemble el enfermo.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
Virgo y mocedad no vuelven nunca cuando se van.
La violencia es el refugio de las mentes pequeñas.
Faltará la madre al hijo, pero no la niebla al granizo.
Suerte, y al toro.
No te fíes de quien de ti desconfíe.
Dejadle correr, que él parará.
Ojos que no ven, gallinas al saco.
Ir a amarrar el zorro.
Yo me atraco de jamón, y el envidioso sufre la indigestión.
Cuervo con cuervo, no se quitan los ojos.
Al que bien come y mejor bebe, la muerte no se le atreve.
Gran dolor es tener poca carne y mucho asador.
Quien su palabra no mantiene, a las consecuencias se atiene.
Cuando la fuerza manda, la ley calla.
Este es el cuento de María Sarmiento, que fue a cagar y no encontró siento.
Dinero guardado, barco amarrado.