Buena madera, buen oficial espera.
Cuando la fiebre declina, tiempo propicio de dar quina.
Hablen cartas y callen barbas.
Si te cuidad de los listos, seguro que te engaña un tonto.
Hijos chicos, chicos dolores; hijos mayores, grandes dolores.
Hombre precavido, sabe el horario del marido.
Abrojos, abren ojos.
Mal ajeno, no cura mi duelo.
Algún ciego se ha curado con lo mismo que ha cegado.
Cerco de luna, agua segura.
Quien hace lo que puede, hace lo que debe.
La enfermedad y los desastres van y vienen como la lluvia, pero la salud es como el sol que ilumina el pueblo entero.
No confíes a otro lo que puedas hacer por ti mismo.
Saber más que Merlín.
Zapateros; los lunes borrachos y los demás días embusteros.
Primero mis dientes y después mis parientes.
Trato es trato.
Lo que es del cura, va pa la iglesia.
Pronto y bien no hay quien.
Salud sin trabajo, campana sin badajo.
Otros más lerdos mandaron regimientos.
Mujer enferma, mujer eterna.
Poco sol, poca cena y poca pena, y tendrás salud buena.
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
Para sabio Salomón.
Obediencia y paciencia son la mejor ciencia.
A los 60 pocos hombres conservan su herramienta, y es por regla general, que desde los 50 anda mal.
Huéspedes de repente, ni me lo mientes.
Allá ellos que son blancos y se entienden.
De sabios es el poco afirmar y el mucho dudar.
Si quieres vivir sano, hazte viejo temprano.
La ciencia es locura, si no gobierna la locura.
Hay que cortar por lo sano.
Los hombres serenos, pelean mucho menos.
Zapateros y sastres que no fueran embusteros, no serían sastres ni zapateros.
Para vos me peo y para otro me afeito.
Mas vale ser rico y sano, que pobre y enfermo.
Susto meado mejor que sangrado.
Monjas y frailes, putas y pajes, todos vienen de los grandes linajes.
Líbrame Dios del mal duro, que del leve yo me curo.
Fumador empedernido, hombre carcomido.
Mi mama me manda a mi y yo mando a mis hermanitos.
Mal que me quieren mis comadres porque les digo las verdades; bien que me quieren mis.
Siempre friegan los platos los mentecatos.
Mujer precavida vale por dos.
Hasta que el cuerpo aguante.
La fortuna, a los necios ama y a los sabios desama.
Quien administra tus bienes, por suyos los tiene.
A bien obrar, bien pagar.
La necesidad hace maestros.