Si orejas curiosas no hubiera, malas lenguas no existieran.
Cuando dos hermanos trabajan juntos las montañas se convierten en oro.
Por San Lucas, mata tus puercos, tapa tus cubas y prepara tus yuntas.
De hombres bien nacidos es ser agradecidos.
Cosa muy querida, presto perdida.
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
Madruga y verás, trabaja y habrás.
El que tiene la cabeza de manteca no debe acercarse al horno.
Yo a vos por honrar, vos a mí por encornudar.
Más vale ser ciego de los ojos, que del corazón.
Tal vez mis hijos vivirán en casas de piedra y ciudades amuralladas - Yo no
No dar ni recibir, sin escribir.
Amor loco, yo por vos, y vos por otro.
El pan bien escardado hinche la troja a su amo.
Baco, Venus y tabaco ponen al hombre flaco.
Nadie puede ver ojos bonitos en cara ajena.
Del santo me espanto, del pillo, no tanto.
Al loco y al aire, darles calle.
El ladrón en la horca y el santo en el altar para bien estar.
Abril, lluvias mil.
Solo los pies del viajero saben el camino.
A gente villana, pocas palabras y ésas, claras.
La confianza mata al hombre.
Cada uno estornuda como Dios le ayuda.
Ya se pasó ese tiempo en que andaba el culo al viento; hase mudado, y todos lo traen tapado.
En el acto de varar, manda la máquina parar.
Más vale un hoy que diez mañanas.
Reñir con quien da ocasión y jugar con quien tiene dinero en el bolsón.
Guarda el melonar, te quitaré un melón si me lo das.
Las cosas importantes quedan en el cajón.
Lo que te dice el espejo no te lo dice tu hermana carnal.
El agua para el pollino, para el hombre el vino.
Las hijas son las madres en otros cuerpos más jóvenes.
Mujeres y malas noches matan a los hombres.
La cerilla tiene cabeza pero no tiene corazón.
Acá o allá mira siempre con quien vas.
Mi alma a Dios, mi vida al rey, mi corazón a la dama.
Las cosas no se arreglan con palabras elocuentes.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Mi mujer ha malparido, trabajo perdido.
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
Mucho ofrecer y poco dar, xuntos suelen andar.
Siempre hay una avispa para picar el rostro en llanto.
El que ama, teme.
A quien a buen culo se arrima, buenas hostias le propinan.
Agrada, quien manda.
Con tijeras propias y tela ajena, ¡qué bien se corta!.
Da limosna, oye misa, y lo demás te lo tomas a risa.
Tiene que pedirle permiso a un pie para mover el otro.
Los muertos traen el buen o el mal tiempo