El dinero corrompe al hombre.
Ni mangas porque es chaleco.
Cuatro cosas hay que en darlas está su valer: el dinero, el placer, el saber y el coño de la mujer.
Ante Dios, todos somos iguales.
Las obras, con las sobras.
Con ladrones y gatos, pocos tratos.
Ante el menesteroso, no te muestres dichosos.
Remendar y dar a putas.
Ayunen los santos, que no tienen tripas.
En cabeza loca, ni se tiene, ni dura, ni para cosa.
Ni fíes de hombre cejunto, ni tengas miedo a un difunto.
Por San Martino, mata el pobre su cochino.
Todos estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde.
La paz con una porra en la mano es la guerra
Ni calabaza sin tapón, ni mujer sin quita y pon.
En casa del herrero, nunca falta un palo.
La Ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente.
Las penas, con un cullillo de palo degüellan.
Mujer pecosa, mujer candela.
Chica es la aguja, y se halla si bien se busca.
Quien no tuviese que hacer, que arme navío o tome mujer.
Al hombre se le mide de cejas para arriba.
Tiene más cuentas que un rosario.
El caballo y la mujer, al ojo se han de tener.
Olla chica hace la bolsa grande.
Fruta de hoy, pan de ayer, carne de antier.
Recogemos solo la felicidad que hemos dado a manos llenas, sin pedir nada a cambio
No quieras tapar el sol con un dedo.
Necio es quien con necios anda.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
Otoño entrante, barriga tirante.
Hágase la diligencia y obra Dios como quiera.
Aquel a quien mil dedos acusadores señalan, muere sin estar enfermo.
Riquezas con sobresaltos, miserias las llamo.
Téngale miedo a la ira de Dios ya una escasez de mujeres.
Tener el juego trancado.
La mujer hacendosa es la más hermosa.
No hay mujer que no lo de, sino hombre que no lo sepa pedir.
Buena demanda o mala demanda, el escribano es mi banda.
El oro se prueba con el fuego; la mujer, con el oro; y el hombre, con la mujer.
Abad halagüeño, tened el cuello quedo.
Hijo ajeno, mételo por la manga; salirse ha por el seno.
Cada hombre lleva un loco dentro, y cada mujer un ciento.
Tal el hombre debe ser, como quiera parecer.
Quien sus bienes da en vida, merece que le den con una porra en la barriga.
Todos: mozos, viejos, reyes y pastores estamos sujetos a sentir amores.
A cabellos enredados, piojos por descontado.
Costurera mala, la hebra de a vara.
La dama que es distinguida, por sí sólita se cuida.
Cuatro ojos ven más que dos.