Mal su bolsa defiende quien al fiado vende.
Con los descuidados, medran los abogados.
El que cabras cría, va a juicio cada día.
Las penas solteras, son más llevaderas.
Este se mete como Juan por su casa.
Dios nos libre del incendio en una casa vieja.
Quien ruega al villano, ruega en vano.
Tu secreto en tu seno, y no en el ajeno.
La iglesia abierta y el sacristán en la puerta.
No hay mula que no patee, ni mujer que no lo de.
Cayendo el muerto y soltando el llanto.
La envidia acorta la vida.
A la ocasión la pintan calva.
La mucha confianza es cuna de menosprecio.
Para los desgraciados se hizo la horca.
Nadie aprende por cabeza ajena.
El que tiene buenos padrinos, no se cae dentro de la pila.
El que a orilla del río mora, mucho bebe y mucho llora.
Cuanto más primo, más me arrimo.
Al hijo del rico no le toques el vestido.
Para una mujer enamorada amar demasiado es no amar suficiente
El que a la tienda va y viene, dos casas mantiene.
La mujer es como la huella: Siempre parece mejor la de al lado.
Dijo el escarabajo a sus hijos: venid acá mis flores.
A tu tierra grillo aunque sea con una pata.
Moro viejo no puede ser buen cristiano.
El que la deba, que la pague.
Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía.
La mierda cuando la puyan hiede.
La que del baño viene, bien sabe lo que quiere.
En verano, tabernera, y en invierno panadera.
Hábito malo, tarde es dejarlo.
Cazador, mentidor.
El buen vino, en copa cristalina, servida por mano femenina.
Entre Pinto y Valdemoro. (Frase utilizada en España para a alguien que duda).
Las arrugas son la tumba del amor
Cada uno trate de su oficio y deje el del vecino.
Gorgojo, más chico que un piojo; así de chiquito produce enojo
Tarde piaste pajarito.
Bondad y dulzura, más que donaire, hermosura.
Las pestes y el matrimonio, son inventos del demonio.
Dios da pañuelo al que no tiene narices.
A la mujer y al papel, hasta el culo le has de ver.
A la justicia y a la inquisición, chitón.
No se acuerda el cura de cuando fue sacristan.
La que tiene cara honrada, no encuentra puerta cerrada.
Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.
Viendo al payaso, soltando la risa.
A la burla dejarla, cuando más agrada.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.