Las tres cabezas más duras: la mujer, la cabra y la burra.
¡La carne da carne y el vino da sangre!
El avaro, ahondando el agujero para guardar su oro, llega al infierno.
Cría fama y échate en la cama.
Amigo reconciliado, doble enemigo
En casa con hombres y sin vino, todo anda mohíno.
A cabrón, cabrón y medio.
Todo lo que no es dado es perdido
Todos obedecen con gusto cuando el que manda es justo.
Humildad y fiereza, todo en una pieza.
Casado delgado y fraile tripón, ambos cumplen su obligación.
Quien hace casa o cuba, más gasta que cuida.
Las penas con pan son buenas.
De chica candela, grande hoguera.
Plata en mano, culo en tierra.
Te casaste, te entera.
Tres sacos son necesarios para tratar con un abogado: un saco de papeles, un saco de paciencia y un saco de dinero.
Cagar por la mañana y abundante, alarga la vida de cualquier tunante.
A chico mal, gran trapo.
Lo raro es caro.
A cada paje, su ropaje.
Cuenta por bienes los males que no tienes.
Del joven voy, del viejo vengo.
Quien con su navaja se capa, buenos cojones se deja.
La mujer es el demonio, el mundo y la carne, porque es un demonio con un mundo de carne.
El Señor no deja sin comer al justo, pero frustra la avidez de los malvados.
La tórtola ocupa el nido de la urraca.
Lo que has de odiar o querer, debes antes conocer.
Los hombre dispuestos a prometer, están dispuestos a olvidar.
Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos.
Lo que se da al pobre se guarda en el cielo.
El caldo, en caliente; la injuria, en frío.
La ingratitud embota la virtud.
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
Solo se consume el que no ama, pero quien ama da hasta los huesos a los demás
Obra acabada, a dios agrada.
Líbrame Dios del agua brava, que de la mansa me cuido yo.
Quien por mucho deja lo poco, suele perder lo uno y lo otro.
El envidioso es de tal ser, que no se le indigesta lo que come sino lo que ve comer.
No es bello lo que es caro, sino caro lo que es bello.
Donde el necio se arruinó, el cuerdo prosperó.
Juicio contra hecho hace lo tuerto derecho.
La contradicción es la sal del pensamiento
No le pidas peras al olmo.
No se pierde lo que se dilata.
El pobre es rumboso; el rico roñoso.
Aunque se saque el oro de vil escoria, a todos les huele a gloria.
Siéntate, si así quieres, sobre el corazón de un león, pero nunca sobre el de un hombre.
En casa del pobre, ni vino ni odre.
¿Qué hacéis, mosquitos?. Aramos, porque sobre el buey que ara andamos.