A la mujer por lo que valga, no por lo que traiga.
Al pesar por el bien ajeno, llaman envidia y es veneno.
El dinero hace al hombre entero.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
Oveja duenda, mama a su madre y a la ajena.
La naturaleza proveerá.
Envidia me tengan y no me compadezcan.
Con el castigo, el bueno se hace mejor y el malo se hace peor.
Comprar y luego pagar, provecho y honra ganarás.
A fuer de Toledo, que pierde la dama y paga el caballero.
Mujer precavida vale por dos.
El pecado te acusa.
A abad sin ciencia y sin conciencia, no le salva la inocencia.
A buen andar o mal andar, comer y guardar.
Casa de mantener, castillo de defender.
A tal señor, tal honor.
No dejes para otros lo que no quieras para ti.
La excepción confirma la regla.
Poco freno basta, para la mujer casta.
Fuerte desdicha es, no aprovecharse de la dicha.
No desprecies a quien poco es, que algún días mucho podrá ser.
Dios no se queda con nada de nadie.
Lo que no está firmado, no está amarrado.
Lo que se hace aquí, se paga aquí.
Algo tendrá el matrimonio, cuando necesita bendición de cura.
El piadoso cielo socorre en las mayores necesidades.
Casamiento y señorío, ni quieren fuerza ni quieren brío.
Enseña la cautela que debe observarse para confiar un secreto, pues muchos, so capa de amistad, abusan del sigilo.
De dos que pleitan, otros se aprovechan.
El que amenaza, pierda la ocasión de la venganza.
De lo que te sobre da tu parte al pobre.
El trabajo bien hecho da alegría en el pecho.
Hay que dar tiempo al tiempo.
A quien hace mal, uno, al lisonjero, ninguno.
Variante: A Dios se dejan las cosas, cuando remedio no tienen.
Los pecados son cadena, unos eslabones a otros se agregan.
El valor, la buena conducta y la perseverancia conquistan a todo lo que se les pone por delante.
Más se junta pidiendo que dando.
Cuando alguien te hace un daño, búscalo en tu lista de los más favorecidos.
Lo que abunda no daña.
Con esfuerzo y esperanza todo se alcanza.
Lo que no puede uno, pueden muchos.
La honestidad es un vestido de oro
Más vale maña que fuerza.
Suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias.
Solo triunfa en la lucha por la vida aquél que tiene la paciencia en sus buenos propósitos e intenciones.
La respuesta mansa, la ira quebranta.
Si encuentras una gran deuda contra un pobre, divídela en tres partes: perdona dos y mantén una.
De lo bueno, el mundo debería estar lleno.
Suerte, y al toro.