El dar y el tener, seso ha de menester.
Busca arrepentimiento, el que busca casamiento.
Acá o allá mira siempre con quien vas.
La intención es lo que vale.
Mejor cazar los deudores, que huir de los acreedores.
Voz del pueblo, voz del cielo.
Dame consejos sanos y dinero para ejecutarlos.
Cada cual mire por su cuchar.
Por rey se tenga quien a nadie tema.
Bastante colabora quien no entorpece.
Desde que se hicieron las excusas nadie queda mal.
Es gente discreta, quien aguza el ojo con la lengua quieta.
El que da lo que tiene antes de la muerte merece que le den con un canto en los dientes.
Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
A quien se casa con viuda, ya no le queda la duda.
Con la verdad como compañía se va a todos los sitios, incluso a prisión.
Mata, que Dios perdona.
Al cuco no cuques y al ladrón no hurtes.
La ira es locura el tiempo que dura.
Nunca falta un roto para un descosido, ni una media sucia para un pie podrido.
Que lo dejen hablar, y no lo ahorcan.
La fuerza vence, la razón convence.
Contra la muerte no hay ley, mata al papa, mata al rey.
La muerte a nadie perdona.
Por ruin que el huésped sea, el mejor lugar se le deja.
Fue puta la madre y basta; la hija saldrá a la casta.
Más vale muerte callada que desventura publicada.
Casa hecha y mujer por hacer.
El que muere, se libra de lo que debe.
Favorecer, es por norma perder.
Aunque es algo loco, la pena le hará cuerdo.
Hace más el que quiere que el que puede.
Dios da pan a los que no tienen dientes.
Entre hermanos que nadie meta la mano.
No puede ser larga la felicidad del mentiroso o ladrón.
El que habla es el que peca.
Al mal pagador más vale darle que prestarle.
Para el bien, la acción es más que la intención; para el mal la intención es más que la acción.
Hay que tener los pantalones en su sitio.
Para el bien, de peña; para el mal, de cera.
Sacar los trapos al sol.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
Juventud sin salud, más amarga que senectud.
Cada cual hable de aquello que sabe, y de lo demás que calle.
Por mucho que la paz cueste, nunca es cara.
La contrición del pecado, no repara el mal causado.
Mancebo me fui, y envejecí; más nunca al justo desamparado vi.
A confesión de parte relevo de prueba.
Cada día tiene su trabajo suficiente.