El que es mandado no es culpado.
De la madre la gran ciencia, es tener mucha paciencia.
A honra demasiada, interés hay encubierto.
El que busca, encuentra.
Para quien roba un reino, la gloria; para quien roba un burro, la horca.
Contra el feo vicio de pedir, existe la noble virtud de no dar.
Aseada aunque sea jorobada.
Todo tiene un fin.
Tal el hombre debe ser, como quiera parecer.
En casa del que jura, no faltará desventura.
Negocios hay que están bien a las dos partes.
Insinuación de rey, como si fuera ley.
Quien sabe esperar, sabe lograr.
Saber es poder.
La libertad no tiene par.
Las obras de caridad dicen quien es hombre de bondad.
Trata a la Tierra y a todo lo que hay en ella con respeto.
Obra hecha, dinero espera.
Quien se excusa se acusa.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
No ojos que lloran, sino manos que laboran hacen falta para remediar males.
La virtud en sí es un premio
Mala y engañosa ciencia es juzgar por las apariencias.
La venganza es un plato para tomar frío.
El que calla, otorga.
Los pecados son de los hombres, no las instituciones.
Quien debe y paga, no debe nada.
Tierra por medio, para poner remedio.
Al loco y al aire, darles calle.
Favor ofrecido, compromiso contraído.
El que cosas busca, por fuerza ha de hallar alguna.
Quien dice lo verdadero, no peca por embustero.
Para decir la verdad, poca elocuencia basta.
El justo debe imitar al bosque de sándalo, que perfuma el hacha que lo lastima.
Es mejor deber dinero y no favores.
Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre violencia.
El espejo y la amistad siempre dicen la verdad.
Ruego de Rey, mandato es.
De buenos y de mejores a mi hija vengan demandadores.
Lo que ha de ser, va siendo.
El inferior paga las culpas del superior.
Como es el trabajo, así es la recompensa.
La lealtad se paga.
Jugando a las verdades, descúbrense las puridades.
Ser casta y de buena pasta, para buena mujer no basta.
En caso de duda, que no sean ellas las viudas.
Las leyes son como las telarañas que atrapan a los mosquitos y dejan pasar a las avispas.
Donde todo el mundo opina, no hay orden ni disciplina.
La costumbre de jurar y jugar, mala es de dejar.
Para alcanzar dicha plena, nos toca perder la pena.