Con quien no tiene más Dios que su plato, poco trato.
Tarea hecha a destajo no vale por mil y mil no valen por una.
Sufre callando lo que no puedes remediar hablando.
Cuanto uno es más honrado, tanto es mayor su pecado.
Abierto el cajón, convidado está el ladrón.
Fácil es reprender la vida ajena, para quien no la tiene buena.
Dinero ahorrado, dos veces ganado.
Si de la tierra naciste y a la tierra has de volver, ese orgullo, ¿por qué?
La oprtunidad la pintan calva.
Jodido pero contento.
Hombre casado, burro domado.
Da Dios almendras al que no tiene muelas.
A la burla dejarla, cuando más agrada.
Quien desparte lleva la peor parte.
Lo mal ganado, ello y su dueño se lo lleva el Diablo.
Del avaro un solo bien se espera: que se muera.
Quien come aprisa, come mal.
Abstente de mudar los límites de los campos, para que un terror no te arrebate. Se satisface al Dios con la voluntad del señor (responsable) que establece los límites de la tierra arable.
Quien no sabe, no vale nada.
Si tu mal tiene remedio, ¿por qué te afliges?. Y si tu mal no tiene remedio, ¿por qué te afliges?.
El que tiene el culo alquilado, no puede sentarse en él.
Al hombre mujeriego, mil perdones; al machiego, mil blasones.
Para ser puta y no ganar, más vale ser honrada.
A las personas recién se las valora cuando se las pierde.
Orgullo, riqueza y hermosura son nada en la sepultura.
Ijurra, ¡no hay que apurar la burra!.
Lo que dejes para después, para después se queda.
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
El ignorante a todos reprende y habla más de lo que menos entiende.
El olor de la agena fama, al envidioso atafaga.
Hambre larga, no repara en salsas.
El que paga manda y el que no se aguanta.
No dar ni recibir, sin escribir.
Cosa hallada no es hurtada.
Bestia alegre, echada pace.
Quien hila y tuerce, bien lo merece.
Más mato la gula que la espada.
Reniego del árbol que a palos ha de dar su fruto.
Por charlatán y pedante, se destaca el ignorante.
Grandotas aunque me peguen.
Moza hermosa, con dinero; yo, forastero, ¿y a mí me la dan?. Trapalán, trapalán.
Quien quita lo que da, al infierno va.
No hay puta ni ladrón que no tenga su devoción.
Pecado de mucho bulto, no puede estar siempre oculto.
No hay peor ciego que el que no quiere ver.