El amor no se compra con dinero.
No puedo ser puta y pechera, no quiero aunque pudiera.
El que a pueblo ajeno va a pretender, o va a dar perro, o a que se lo den.
Agarrando aunque sea fallo.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
Amor y guerra tienen batallas y sorpresas.
A cada cual mate su ventura, o Dios que le hizo.
Dios te guarde de trasera de mula y de delantera de viuda.
Repicar y andar en la procesión implica contradicción.
El pobre de su pobreza no sale.
Tu secreto en tu seno, y no en el ajeno.
Mujer sin varón, ojal sin botón.
A la burla dejarla, cuando más agrada.
Dios te guarde de tahonero novel y de puta de burdel.
Del uso viene el abuso.
Estando el diablo ocioso, se metió a chismoso.
Antes es la obligación que la devoción.
Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
A otra puerta, que ésta no se abre.
A buena mujer, poco freno basta.
Acabada la misa, se parten las obladas.
El enemigo es grande si se lo ve de rodillas.
Debo, no niego; pago, no tengo.
Quien a estudiantes da amor, no es esposa de Doctor.
Más perdido que Adán el día de la madre.
Ausente y muerto, viene a ser lo mesmo.
Palabra que retienes dentro de tí, es tu esclava; la que se te escapa, es tu señora.
El corazón de una persona mala nunca es puro.
El avaro, ahondando el agujero para guardar su oro, llega al infierno.
El honor y el ocio no suelen ser buenos compañeros.
Buenas razones cautivan los corazones.
Abogacía que no zorrocía.
El yerro encelado, medio perdonado.
Cama de novio, dura y sin hoyo.
Marido muerto, otro al puesto.
Cosa hallada no es hurtada.
Nunca es lo mismo una comida recalentada ni una amistad reconciliada.
Buena es la justicia si no la doblara la malicia.
Después de la liebre ida, palos a la cama.
Mujer en la ventana, o puta o ENAMORADA.
Camino robado, al otro día, sin gente.
Mal haya la espina que de suyo no aguija.
No confundas al hombre en el tribunal ni desvíes al justo.
El ruin muere en su tierra; el hazañoso lejos de ella.
Cuando uno se enoja, la razón se va de paseo.
Ningún mortal peca, cuando defeca.
O con el mundo o con Dios; pero no a la par los dos.
Ni a pícaro descalzo, ni a hombre callado, ni a mujer barbada les des posada.
Un yerro, padre es de ciento.
Donde hay miedo hay poco lugar para el amor