Para ver la buena gente solo un ojo es suficiente.
Cuando el Diablo envejeció, a santero se metió.
En los ojos y en la frente se lee lo que el hombre siente.
No te canses en pensar, si los otros han de hablar.
A ciento de renta, mil de vanidad.
Piensa mal y acertarás, aunque alguna vez te equivocarás.
¿Enseñar sin saber?, como no sea el culo, no sé qué.
Quien tiene arte va por todas partes.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
¿Qué ve el ciego aunque se le ponga una lámpara en la mano?
Pueblo chico infierno grande.
Es más fácil ver una paja en el ojo ajeno, que una viga en el propio.
Obra acabada venta aguarda.
Caras vemos, corazones no sabemos.
¿Cómo ha de actuar mi corazón? ¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra?
Fuego sin humo puede haber; pero humo sin fuego no puede ser.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos.
Palabras de santo, uñas de gato.
Lo que ha sucedido puede suceder.
El día que arda la enramada, se verá la llamarada.
Un muerto hablando de un ahorcao.
No es nada, que del humo llora.
Al hombre ocupado le tienta un solo diablo; al ocioso una legión.
Nunca prometas con lo que cumplir no cuentas.
Promesa de enamorado, promesas de marinero
Nunca dejes la certidumbre por la esperanza.
El que da lo que tiene, a pedir se queda o, a pedir se enseña.
La manera de ver la luz divina es apagar tu propia vela.
Cuando soplan vientos de cambio, algunos constryen muros, otros molinos.
Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría.
El miedo a los pequeños defectos hace crecer los grandes
Dios le da una lombriz a cada pájaro, pero no se la lleva hasta el nido.
A la vejez y a la juventud, espera el ataúd.
Lo que con ansia se alcanza, a la larga, también cansa.
A cada cual mate su ventura, o Dios que le hizo.
Al que le falta ventura, la vida le sobra.
El mejor disfraz, el tiempo te lo dará.
Después de Dios, la olla y todo lo demás es farfolla.
El viejo el hipo para morir, el niño el hipo para vivir.
Allí hay verdadera amistad, do hay dos cuerpos y una voluntad.
El que tiene caridad y un alma pura, de las fallas ajenas no murmura.
A ojo de buen cubero.
Donde Dios no puso, no puede haber.
Un sabio y un tonto saben más que un sabio solo.
Estar armado hasta los dientes
En la necesidad se conoce la amistad.
La mayor ventura, menos dura.
Es demasiado necio para ser loco.
Malo es esperar bien de muerte ajena.