La experiencia no se fía de la apariencia.
La lengua queda y los ojos listos.
En mi huerto te crié, de tu fruto nunca comí, los milagros que tú hagas, que me los cuenten a mí.
De lo ajeno, gastar sin miedo; de lo propio, poquito a poco.
En tu comunidad, no luzcas tu habilidad.
Hacer enseña a hacer.
Vivir juntos es endemoniarse juntos.
Lo que de noche se hace a la mañana aparece.
Oye lo que yo digo y no mires lo que hago.
Los muros ensordecidos, a veces tienen oídos.
El destino baraja, nosotros jugamos.
Tú que mientes, ¿qué dijiste para mientes?.
Hoy: a eso me estoy; que mañana, mañana, palabra vana.
Di mentira, y sacarás verdad.
Tierra, cuanta veas, casa, en la que quepas.
Por costumbre le damos la vuelta a un pensamiento, para utilizarlo varias veces
Se cree el bizco rey entre los ciegos.
Cada dueño tiene su sueño.
Al amor lo pintan ciego y con alas, ciego para no ver los obstáculos, con alas para salvarlos.
El consenso es poder, la fe el alma del hecho
La mayor ventura es gozar de la coyuntura.
La paja en el ojo ajeno se mira más despacio.
Cada villa, su maravilla.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Una obra acabada, otra empezada.
Variante: Ver para creer y para no errar, tocar.
Hay que estar afuera, para ver lo de adentro.
Puede suceder algo imprevisto de un momento a otro.
Tanto quiso el demonio a sus hijos, que les sacó los ojos.
Me lo dijo un pajarito ya casi para volar, todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
Una gota de tinta puede más que cien memorias privilegiadas.
Día nublado engaña al amo y al criado.
De lejos parecen y de cerca son.
Hay ojos que de legañas se enamoran.
Un bellaco cree que nada se puede hacer sin bellaquería.
Las mentes grandes discuten ideas; las medianas, cosas; y las pequeñas, personas.
Con el ojo bien abierto, difícil es el desacierto.
Cuando el genio apunta a la Luna, el tonto se queda mirando al dedo.
La más fiel memoria, no siempre es historia.
Chimenea que tira poco, el humo a los ojos.
Dilatar la cura y pedir para la untura.
Reducimos nuestras necesidades haciendo menores nuestro deseos.
Bromeando, bromeando, amargas verdades se van soltando.
Tres cosas demando de Dios si me las diese: la tela, el telar y la que teje.
Intimidades, solo en las mocedades.
Entre puntada y puntada, una miradita a cuantos pasan.
El que vive en la montaña, piensa que tiene algo y no tiene nada.
Cuando nos encontramos con la felicidad, no lleva nunca la ropa que habíamos imaginado
El que no tiene hechas no tiene sospechas.
La vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.