La alegría en el alma sana se cría.
El sol de enero, poco duradero.
Bolsa, mujer y espada, no quiere andar prestada.
En los grandes aprietos, crece el entendimiento.
Ante el menesteroso, no te muestres dichosos.
El que la hace riendo, la paga llorando.
El marido y la mujer deben ser como las manos y los ojos: cuando duele la mano, los ojos lloran, y cuando los ojos lloran las manos secan las lágrimas.
Pan duro, pero seguro.
La palabra es playa, el silencio oro.
Piensa mal y acertarás.
Para los aduladores no hay rico necio ni pobre discreto.
Vida sin amigos, muerte sin testigos.
Dios creó el tiempo, pero el hombre creó la prisa.
Lo que con ansia se alcanza, a la larga, también cansa.
En mi huerto te crié, de tu fruto nunca comí, los milagros que tú hagas, que me los cuenten a mí.
Más vale pálido una vez que cientas colorado.
Es mejor pecar poco que confesar mucho
Nadie sabe lo que tiene, si tiene quien lo mantiene.
Quien en tiempo huye en tiempo acude.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
No hay que confundir lechuza con tero, porque una es bataraz y el otro picaso overo.
Embustes y cuentos, de uno nacen cientos.
Esta permitido ser más hábil que los demás; pero es peligroso parecerlo.
Muchos nacimientos significan muchos entierros.
A barco viejo, bordingas nuevas.
Buen alimento, mejor pensamiento.
En la muerte y en la boda, verás quién te honra.
Mojarse el potito.
Buen arte es el médico que sotierra su yerro.
La riqueza del rico es su baluarte; la pobreza del pobre es su ruina.
Para ser tonto, los libros son estorbo.
Cuando comienzan las uvas a madurar, comienzan las mozas a bailar.
Años de higos, años de amigos.
Echando a perder se aprende.
Ni te abatas por pobreza, ni te ensalces por riqueza.
Gallina ponedora y mujer silenciosa, valen cualquier cosa.
Vino mezclado, vino endiablado.
Alacena de dos llaves, la una entra cuando la otra sale.
Va que ha (te vas a quedar, frase dicha por los "abuelos" a los cabos al finalizar la mili).
Nada es fácil para el falto de voluntad.
El amor está oculto como el fuego en la piedra.
Una vez un papel rompí y cien veces me arrepentí.
No hay viudita sin duelo, ni triste in consuelo.
Mala mañana, niebla sobre la escarcha.
Armas y dineros buenas manos quieren.
Cada cosa a su tiempo, y los nabos en adviento.
O faja o caja.
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio.
Dios nos libre del día de las alabanzas.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.