Hombre osado, bien afortunado.
La muerte a nadie perdona, ni a tiara ni a corona.
Hombre cortés, de todos estimado es.
Hoyo en la barba, hermosura acabada.
Repartamos así: para ti la Justicia y el favor para mí.
Lo prestado, ni agradecido ni pagado.
Vivir sin pena ni gloria, como el burro de Vitoria.
Compra de quien heredó, y nunca al que lo sudó.
Regla para bien vivir, callar después de ver y oir.
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.
Ni poca ni mucha pena, nos causa desgracia ajena.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
Cosa cumplida, solo en la otra vida.
Recogemos solo la felicidad que hemos dado a manos llenas, sin pedir nada a cambio
Favores recordados, ¡ya están saldados!.
Buenas palabras y buenos modos dan gusto a todos.
La virtud es tan desdeñada como la riqueza estimada.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
La reputación dura más que la vida.
Trabajar es virtud; pero trabaja tú.
Cortesía y bien hablar, cien puertas nos abrirán.
La alegría es un tesoro que vale más que el oro.
Es mejor deber dinero y no favores.
Se olvida una buena acción, y no un buen bofetón.
Quien de valor hace alarde, tiene mucho de cobarde.
La vida es grata, a quien bien la acata.
Después de la victoria, aprieta el casco.
Esperar salud en muerte ajena es condena.
Cuando hay lealtad y franqueza, las cartas sobre la mesa.
Lo que vale la pena hacerse, vale la pena hacerlo bien.
El que tiene vergüenza, ni cena ni almuerza.
Si te aplauden, nunca presumas hasta saber quién te aplaudía.
El cuidado y la diligencia atraen la suerte.
La honestidad excesiva raya en la estupidez.
La verdadera grandeza no renuncia a la amabilidad.
El más piadoso se alegra, al ver su rival en quiebra.
Amistad de hombres leales, solo perdura entre iguales.
Barba a barba, vergüenza se cata.
Ruin consuelo el aplauso de los muchos.
Hermosura sin talento, gallardía de jumento.
Pecado callado, medio perdonado.
El centavo mal habido corrompe al peso honrado.
Cada ollero alaba su puchero.
Muchos respetan el poder del rey, todos respetan el poder de la espada
Obra hecha, dinero espera.
Con dinero, aunque borrico, ¡qué buena persona el chico!.
Quien dio lo suyo y en morir tarda, merece morir con albarda.
Mas vale dar que recibir.
Entre casados, valor, que ya aguantarse es amor.