Burro mal esquilado, a los siete días igualado.
Para el amor y la muerte no hay casa ni cosa fuerte.
Por sus hechos los conoceréis.
Juncos aunados, por nadie quebrados.
Más vale tener medio pan que no tener ninguno.
Andar derecho y mucho beber, no puede ser.
Todo el mundo quiere llegar a la vejez, pero a nadie le gusta que le llamen viejo.
Si vives de fiado, vives señalado.
El beber es hidalgo, y el comer es villano.
Si eres clemente, serás feliz siempre.
Cuanto más amistad, más claridad.
Más vale ser un rico labrador que un marqués pobretón.
Después del gusto, que venga el susto.
Burro pelado a trasquilones, a los diez días no se le conoce.
Cuando fueres a la venta, la ventera sea tu parienta.
En casa del ahorcado, no mientes la soga.
Progresa en su negocio quien ha pensado en él de antemano.
Quien hace preguntas no es tonto.
Abre el ojo, y te ahorrarás enojos.
Malo vendrá que bueno me hará.
Más enredado que un kilo de estopa.
El que trabaja, no come paja
Dar palos de ciego.
Zorra que duerme, en lo flaca se le parece.
Quien tiene buen asiento, no haga movimiento.
La respuesta correcta es la C. (Ante un examen y cuando no tienes ni idea de la cuestión, al libre albedrio).
A la corta o a la larga, el tiempo todo lo alcanza.
Dijo la sartén al cazo: ¡apártate gorrinazo que me tiznas!.
Espera que se acabe el circo para verle la cara a los payasos.
La apariencia hermosa y por dentro es otra cosa.
Mil amigos son demasiadamente poco; un enemigo es demasiadamente mucho.
A buena confesión, mala penitencia.
Es de sabios preguntar y de tontos el callar.
Quien murmura del ausente, a un muerto teme.
El que se cae hoy puede levantarse mañana.
A pesar de ser tan pollo, tengo más plumas que un gallo.
Hasta la sepultura el amor fuerte dura.
Febrerillo loco, un día peor que otro.
No sirve ni para llevarle la puerca al barraco.
Amar a todos, temer a Dios tan solo.
¡Largue el gallo que es de las ánimas!.
Halagos de suegra, consuelo de nietos.
Como buscar una aguja en un pajar.
En priesa me ves, y doncellez me demandas.
Dices tu pena a quien no le apena, te quejas a madre ajena.
El niño meón, que calaba siete mantas y un colchón.
El buen tiempo ayuda en el trabajo.
Al mal torero, hasta los cuernos le molestan.
En el ajedrez, el Rey y el Peón van siempre al mismo cajón.
El rostro es el espejo del alma.