La vida es un montón de pequeñas cosas
El espejo y la amistad siempre dicen la verdad.
De lo que no sabes, no hables.
El hombre acucioso y fuerte. no confía Solo en la suerte.
Comida hecha, amistad deshecha.
Lee antes de firmar y cuenta antes de guardar.
Se van con quien, las cartas y las mujeres.
El consenso es poder, la fe el alma del hecho
Tal para cual.
Hacer algo de cayetano.
La preocupación suele hacer que las cosas pequeñas proyecten grandes sombras.
Amistad que acaba, no fue nunca amistad.
Buenas acciones valen más que buenas razones.
Idealista de la intriga, que piensan con la barriga.
Entre puntada y puntada, una miradita a cuantos pasan.
La del sastre de Campillo, que cosía de balde y ponía el hilo.
No saber de la misa la media.
Todos estamos de visita en este lugar. Solo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar, y volver a casa.
Hacienda de señores, se la comen los señores.
Juntos en las duras y en las maduras.
Caja que tuvo alcanfor, quédale el olor.
Consejo tardío, consejo baldío.
Se recuerdan los besos prometidos y se olvidan los besos recibidos
Mujer que espera al príncipe azul, viches a los santos de tul.
La mujer y la gallina, pequeñina.
Casa labrada y viña heredada.
El que estudia diez años en la oscuridad será universalmente conocido como quiera.
El hombre propone y Dios dispone.
De Dios hablar, y del mundo obrar.
Lengua de barbero, afilada y cortadora.
Una vez un papel rompí y cien veces me arrepentí.
Entre hermanos, dos testigos y un notario.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
El sastre, corte y cosa, y no se meta en otra cosa.
Más sabe quien mucho anda que quien mucho vive.
La ciencia avanza a pasos, no a saltos
Mal de muchos, epidemia.
A buenas horas, mangas verdes
Jugador hasta perder los kiries de la letanía.
Palabra de cortesano, humo vano.
No dejes que el ayer consuma demasiado tiempo del hoy
Antes de hablar, pensar.
Hay quien va a por lana y vuelve trasquilado.
Arca cerrada con llave, lo que encierra no se sabe.
El futuro pertenece a los que se preparan para él.
Costurera mala, la hebra de a vara.
Abad de zarzuela, comisteis la olla, pedís la cazuela.
Id a la feria y veréis como os va en ella.
Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.