En soledad y recuerdo, consuelo es "Manuela Izquierdo".
El hombre acucioso y fuerte. no confía Solo en la suerte.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
Comida hecha, amistad deshecha.
De lo que no sabes, no hables.
El consenso es poder, la fe el alma del hecho
Se van con quien, las cartas y las mujeres.
Amistad que acaba, no fue nunca amistad.
Hacer algo de cayetano.
Tal para cual.
Lee antes de firmar y cuenta antes de guardar.
La preocupación suele hacer que las cosas pequeñas proyecten grandes sombras.
Buenas acciones valen más que buenas razones.
Idealista de la intriga, que piensan con la barriga.
Entre puntada y puntada, una miradita a cuantos pasan.
Todos estamos de visita en este lugar. Solo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar, y volver a casa.
La del sastre de Campillo, que cosía de balde y ponía el hilo.
Hacienda de señores, se la comen los señores.
No saber de la misa la media.
Juntos en las duras y en las maduras.
Caja que tuvo alcanfor, quédale el olor.
Mujer que espera al príncipe azul, viches a los santos de tul.
Consejo tardío, consejo baldío.
Se recuerdan los besos prometidos y se olvidan los besos recibidos
El hombre propone y Dios dispone.
Casa labrada y viña heredada.
El que estudia diez años en la oscuridad será universalmente conocido como quiera.
Más sabe quien mucho anda que quien mucho vive.
La mujer y la gallina, pequeñina.
Una vez un papel rompí y cien veces me arrepentí.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
Mal de muchos, epidemia.
La ciencia avanza a pasos, no a saltos
De Dios hablar, y del mundo obrar.
Lengua de barbero, afilada y cortadora.
Entre hermanos, dos testigos y un notario.
A buenas horas, mangas verdes
El sastre, corte y cosa, y no se meta en otra cosa.
Jugador hasta perder los kiries de la letanía.
No dejes que el ayer consuma demasiado tiempo del hoy
Palabra de cortesano, humo vano.
Antes de hablar, pensar.
Hay quien va a por lana y vuelve trasquilado.
El futuro pertenece a los que se preparan para él.
Arca cerrada con llave, lo que encierra no se sabe.
Id a la feria y veréis como os va en ella.
Abad de zarzuela, comisteis la olla, pedís la cazuela.
Costurera mala, la hebra de a vara.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos.