Hacer oídos de mercader.
Mano blanca y gordezuela, puesta sobre el corazón, aumenta la palpitación.
Caja que tuvo alcanfor, quédale el olor.
Está como aji titi.
El buey tira del arado, más no de su agrado.
Más doblado que carpa de camión.
Quien invierte en cosa vana, pronto acaba con la lana.
Ándame yo caliente y ríase la gente.
Dios nos libre de un tonto y más si es celoso.
Para todo perdido, algo agarrado.
Dios te guarde de hombre que no habla y de can que no calla.
Donde no hay cabeza todo se vuelve rabo.
Fango que se mueve, a demonios hiede.
Boca que bosteza, estómago que hambrea.
Más liso que nalga bebé.
Chimenea que tira poco, el humo a los ojos.
En el bosque no hay pájaros gordos.
Allí tiene la gallina los ojos, donde tiene los huevos y los pollos.
Entra, bebe, paga y vete.
No hay gallina gorda por poco dinero.
Risa liviana, cabeza vana.
El que a la bodega va y no bebe, burro va y burro viene.
A celada de bellacos, más vale por los pies que por las manos.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
Artero, artero, más non buen caballero.
Por San Raimundo, viene la golondrina del otro mundo.
Porque un borrico te dé una coz, ¿vas tú a darle dos?.
Amor, tos y dinero, llevan cencerro.
Gusta lo ajeno, más por ajeno que por bueno.
El asno puede entrar en el templo, pero no por ello se convierte en monje
Guardado el dinero, no pone huevos.
El que ha derramado sus gachas de avena no puede recogerlas todas
El que quiere moño bonito, tiene que aguantar jalones.
Hacer buenas (o malas) migas.
Más verga que el Trica programando.
Quien langosta y caviar quiera, que afloje la billetera.
Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.
Cuando el abad lame el cuchillo, malo para el monaguillo.
A padre ahorrador, hijo gastador.
Jilgueros y ruiseñores, bonísimos cantores.
Boca con duelo, no dice bueno.
La burla, para quien le gusta.
El que paga y goza, empata y hasta gana.
La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
La cáscara lisa, cualquiera la pisa.
De Gumiel, ni ella ni él; y si es de Izán, ni aún el pan.
Vuélvase lo suyo a su dueño, y tendrás buen sueño.
Amigo beneficiado, enemigo declarado.
El buen nabo, por Santiago tiene cabo.
Cada uno arrima el ascua a su sardina.